Como sucede con tanta frecuencia entre hermanos, Len, de cinco años de edad, perdió la paciencia con Jay, de dos años y medio, porque había desordenado las piezas del Lego con las que estaban jugando y en un ataque de rabia le mordió. Su madre, al escuchar los gritos de dolor de Jay, se apresuró entonces a regañar a Len, ordenándole que recogiera en seguida el objeto de la disputa. Y ante aquello, que debió de parecerle una gran injusticia, Len rompió a llorar, pero su madre, enojada, se negó a consolarle.
Fue entonces cuando el agraviado Jay, preocupado con las lágrimas de su hermano mayor, se aprestó a consolarle. Y esto fue, más o menos, lo que ocurrió:’
—¡No llores más, Len! —imploró Jay— ¡Deja de llorar, hermano, deja de llorar!
Pero, a pesar de sus súplicas, Len continuaba llorando. Entonces Jay se dirigió a su madre diciéndole:
—¡Len está llorando, mamá! ¡Len está llorando! ¡Mira, mira. Len está llorando!
Luego, dirigiéndose al desconsolado Len, Jay adoptó un tono materno, susurrándole:
—¡No llores, Len!
No obstante, Len seguía llorando. Así que Jay intentó otra táctica, ayudándole a guardar en su bolsa las piezas del Lego con un amistoso.
—¡Mira! ¡Yo las meto en la bolsa para Lenny!
Pero como aquello tampoco funcionó, el ingenioso Jay ensayó una nueva estrategia, la distracción. Entonces cogió un coche de juguete y trató de llamar con él la atención de Len:
—Mira quién está dentro del coche, Len. ¿Quién es?
Pero Len seguía sin mostrar el menor interés. Estaba realmente consternado y sus lágrimas parecían no tener fin. Entonces su madre, perdiendo la paciencia, recurrió a una clásica amenaza:
—¿Quieres que te pegue?
—¡ No! —balbució entonces Len.
—¡Pues deja ya de llorar! —concluyó la madre, exasperada, con firmeza.
—¡Lo estoy intentando! —farfulló Len, en un tono patético y jadeante, a través de sus lágrimas.
Y eso fue lo que despertó la estrategia final de Jay que, imitando el tono autoritario y amenazante de su madre, ordenó: — ¡Deja de llorar, Len! ¡Acaba ya de una vez!
Este pequeño drama doméstico evidencia muy claramente la sutileza emocional que puede desplegar un mocoso de poco más de dos años para influir sobre las emociones de otra persona. En su apremiante intento de consolar a su hermano, Jay desplegó un amplio abanico de tácticas que iban desde la súplica hasta la ayuda, pasando por la distracción, la exigencia e incluso la amenaza, un auténtico repertorio que había aprendido de lo que otros habían intentado con él. Pero, en cualquiera de los casos, lo que ahora nos importa es subrayar que, incluso a una edad tan temprana, los niños disponen de un auténtico arsenal de tácticas dispuestas para ser utilizadas.
Como sabe cualquier padre, el despliegue de empatía y compasión demostrado por Jay no es, en modo alguno, universal. Es igual de probable que un niño de esta edad considere la angustia de su hermano como una oportunidad para vengarse de él y hostigarle más aún. Las mismas habilidades mostradas por Jay podrían haber sido utilizadas para fastidiar o atormentar a su hermano. No obstante, ello no haría sino confirmar la presencia de una aptitud emocional fundamental, la capacidad de conocer los sentimientos de los demás y de hacer algo para transformarlos, una capacidad que constituye el fundamento mismo del sutil arte de manejar las relaciones.
Pero para llegar a dominar esta capacidad, los niños deben poder dominarse previamente a si mismos, deben poder manejar sus angustias y sus tensiones, sus impulsos y su excitación, aunque sea de un modo vacilante, puesto que para poder conectar con los demás es necesario un mínimo de sosiego interno. Es precisamente en este período cuando, en lugar de recurrir a la fuerza bruta, aparecen los primeros rasgos distintivos de la capacidad de controlar las propias emociones, de esperar sin gimotear, de razonar o de persuadir (aunque no siempre elijan estas opciones).
La paciencia constituye una alternativa a las rabietas —al menos de vez en cuando— y los primeros signos de la empatía comienzan a aparecer alrededor de los dos años de edad (fue precisamente la empatía —la raíz de la compasión— la que impulsó a Jay a intentar algo tan difícil como tranquilizar a su desconsolado hermano).
Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.
Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las «habilidades interpersonales». Estas son las aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato con los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal reiterado. Y también es precisamente la carencia de estas habilidades la causante de que hasta las personas intelectualmente más brillantes fracasen en sus relaciones y resulten arrogantes, insensibles y hasta odiosas. Estas habilidades sociales son las que nos permiten relacionarnos con los demás, movilizarles, inspirarles, persuadirles, influirles y tranquilizarles profundizar, en suma, en el mundo de las relaciones.
LA EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES
La capacidad de expresar los propios sentimientos constituye una habilidad social fundamental. Paul Ekman utiliza el término despliegue de roles para referirse al consenso social en el que resulta adecuado expresar los sentimientos, un dominio en el que existe una enorme variabilidad intercultural. Ekman y sus colegas estudiaron las reacciones faciales de los estudiantes japoneses ante una película que mostraba escenas de una circuncisión ritual de los adolescentes aborígenes descubriendo que, cuando los estudiantes contemplaban la película en presencia de alguna figura de autoridad, sus rostros apenas si reaccionaban, pero cuando creían que estaban solos (aunque, en realidad, estaban siendo filmados por tina cámara oculta), sus rostros mostraban un amplio abanico de emociones que iban desde la tensión hasta el miedo y la repugnancia.
Existen varios tipos fundamentales de despliegue de roles. Uno de ellos consiste en minimizar las emociones (la norma japonesa para expresar los sentimientos en presencia de una figura de autoridad que consiste en esconder el disgusto tras una cara de póker). Otro consiste en exagerar lo que uno siente magnificando la expresión emocional (una estrategia utilizada con mucha frecuencia por los niños pequeños que consiste en fruncir patéticamente el ceño y estremecer los labios mientras se quejan a su madre de que sus hermanos mayores les toman el pelo). Un tercero consiste en sustituir un sentimiento por otro (algo que suele tener lugar, por ejemplo, en aquellas culturas orientales en las que decir «no» se considera de mala educación y. en su lugar, se expresan emociones positivas aunque falsas). El conocimiento de estas estrategias y del momento en que pueden manifestarse constituye un factor esencial de la inteligencia emocional.
El aprendizaje del despliegue de los roles tiene lugar a una edad muy temprana. Se trata de un aprendizaje que sólo es parcialmente explícito (el aprendizaje, por ejemplo, que tiene lugar cuando enseñamos a un niño a ocultar su desengaño ante el espantoso regalo de cumpleaños que acaba de entregarle su bienintencionado abuelo) y que suele conseguir mediante un proceso de modelado, con el que los niños aprenden lo que tienen que hacer viendo lo que hacen los demás. En la educación sentimental las emociones son, al mismo tiempo, el medio y el mensaje. Si el padre, por ejemplo, le dice a su hijo que «sonría y le dé las gracias al abuelo» con un tono enfadado, severo y frío que desaprueba el mensaje en lugar de aprobarlo cordialmente, es muy probable que el niño aprenda una lección muy diferente y que responda a su abuelo con un desaprobador y seco «gracias». Y, del mismo modo, el efecto sobre el abuelo será muy diferente en ambos casos: en el primero estará contento (aunque engañado), mientras que en el segundo estará dolido por la confusión implícita del mismo mensaje.
La consecuencia inmediata del despliegue emocional es el impacto que provoca en el receptor. En el caso que estamos considerando, el rol que aprende el niño es algo así como «esconde tus verdaderos sentimientos cuando puedan herir a alguien a quien quieras y sustitúyelos por otros que, aunque sean falsos, resulten menos dolorosos». Las reglas que rigen la expresión de las emociones no sólo forman parte del léxico de la educación social sino que también dictan la forma en que nuestros sentimientos afectan a los demás. El conocimiento y el uso adecuado de estas reglas nos lleva a causar el impacto óptimo mientras que su ignorancia, por el contrario, fomenta el desastre emocional.
Los actores son verdaderos maestros en el despliegue de las emociones y su expresividad despierta la respuesta de su audiencia. Y no cabe duda de que hay personas que son verdaderos actores natos. Pero subrayemos que, en cualquiera de los casos, el aprendizaje del despliegue de los roles varia en función de los modelos de que dispongamos y que, en este sentido, existe una extraordinaria variabilidad entre los diversos individuos.
LA EXPRESIVIDAD Y EL CONTAGIO EMOCIONAL
Al comienzo de la guerra del Vietnam, un pelotón norteamericano se hallaba agazapado en un arrozal luchando con el Vietcong cuando, de repente, una fila de seis monjes comenzó a caminar por el sendero elevado que separaba un arrozal de otro.
Completamente serenos y ecuánimes, los monjes se dirigían directamente hacia la línea de fuego.
«Caminaban perfectamente en línea recta —recuerda David Bush, uno de los soldados integrantes de aquel pelotón— sin desviarse a la derecha ni a la izquierda. Fue muy extraño pero nadie les disparó un solo tiro y, después de que hubieran atravesado el sendero, la lucha concluyó. Nadie pareció querer seguir combatiendo, al menos no aquel día. Y lo mismo debió de haber ocurrido en el bando contrario porque todos dejamos de disparar, simplemente dejamos de disparar».
El poder del valiente y silencioso desfile de los monjes que apaciguó a los soldados en pleno campo de batalla ilustra uno de los principios fundamentales de la vida social: el hecho de que las emociones son contagiosas. A decir verdad, este ejemplo constituye un caso extremo, puesto que la mayor parte del contagio emocional tiene lugar de forma mucho más sutil y es parte del intercambio tácito que se da en todo encuentro interpersonal.
En cada relación subyace un intercambio subterráneo de estados de ánimo que nos lleva a percibir algunos encuentros como tóxicos y otros, en cambio, como nutritivos. Este intercambio emocional suele discurrir a un nivel tan sutil e imperceptible que la forma en que un vendedor le dé las gracias puede hacerle sentir ignorado, resentido o auténticamente bienvenido y valorado. Nosotros percibimos los sentimientos de los demás como si se tratase de una especie de virus social.
En cada encuentro que sostenemos emitimos señales emocionales y esas señales afectan a las personas que nos rodean. Cuanto más diestros somos socialmente, más control tenemos sobre las señales que emitimos; a fin de cuentas, las reglas de urbanidad son una forma de asegurarnos de que ninguna emoción desbocada dificultará nuestra relación (una regla social que, cuando afecta a las relaciones intimas, resulta sofocante). La inteligencia emocional incluye el dominio de este intercambio; «popular» y «encantador» son términos con los que solemos referirnos a las personas con quienes nos agrada estar porque sus habilidades emocionales nos hacen sentir bien. Las personas que son capaces de ayudar a los demás constituyen una mercancía social especialmente valiosa, son las personas a quienes nos dirigimos cuando tenemos una gran necesidad emocional puesto que, lo queramos o no, cada uno de nosotros forma parte del equipo de herramientas de transformación emocional con que cuentan los demás.
Veamos ahora otro claro ejemplo de la sutileza con que las emociones se transmiten de una persona a otra. En un determinado experimento, dos voluntarios, tras rellenar un formulario en el que se describía su estado de ánimo, se sentaban simplemente en parejas (compuestas por una persona muy comunicativa y otra completamente inexpresiva) a esperar que el experimentador regresara a la habitación. Un par de minutos más tarde, el experimentador volvía y les pedía que rellenaran otro formulario. El resultado del experimento en cuestión demostró que el estado de ánimo del individuo más expresivo se transmitía invariablemente al más pasivo. ¿Cómo tiene lugar esta mágica transformación? La respuesta más probable es que el inconsciente reproduzca las emociones que ve desplegadas por otra persona a través de un proceso no consciente de imitación de los movimientos que reproduce su expresión facial, sus gestos, su tono de voz y otros indicadores no verbales de la emoción. Mediante este proceso, el sujeto recrea en sí mismo el estado de ánimo de la otra persona en una especie de versión libre del método Stanislavsky (un método en el que el actor recurre al recuerdo de las posturas, los movimientos y otras expresiones de alguna emoción intensa que haya experimentado en el pasado para evocar la actualización de esos mismos sentimientos).
La imitación cotidiana de los sentimientos suele ser algo muy sutil. Ulf Dimberg, un investigador sueco de la Universidad de Uppsala, descubrió que, cuando las personas ven un rostro sonriente o un rostro enojado, la musculatura de su propio rostro tiende a experimentar una transformación sutil en el mismo sentido, una transformación que, si bien no resulta evidente, si que puede manifestarse mediante el uso de sensores electrónicos.
El sentido de la transferencia de estados de ánimo entre dos personas va desde la más expresiva hasta la más pasiva. No obstante, existen personas especialmente proclives al contagio emocional, ya que su sensibilidad innata hace que su sistema nervioso autónomo (un indicador de la actividad emocional) se active con más facilidad. Esta habilidad parece hacerlos tan impresionables que un mero anuncio puede hacerles llorar mientras que un comentario banal con alguien alegre puede llegar a animarles (lo cual, por cierto, les convierte en personas muy empáticas porque se ven fácilmente conmovidas por los sentimientos de los demás).
John Cacioppo, el psicólogo social de la Universidad de Ohio que ha estudiado este tipo de intercambio emocional sutil, señala que «comprendamos o no la mímica de la expresión facial, basta con ver a alguien expresar una emoción para evocar ese mismo estado de ánimo. Esto es algo que nos sucede de continuo, una especie de danza, una sincronía, una transmisión de emociones.
«Y es esta sincronización de estados de ánimo la que determina el que usted se sienta bien o mal en una determinada relación».
El grado de armonía emocional que experimenta una persona en un determinado encuentro se refleja en la forma en que adapta sus movimientos físicos a los de su interlocutor (un indicador de proximidad que suele tener lugar fuera del alcance de la conciencia). Una persona se mueve en el mismo momento en que la otra deja de hablar, ambas cambian de postura simultáneamente o una se acerca al mismo tiempo que la otra retrocede. Esta especie de coreografía puede llegar a ser tan sutil que ambas personas se muevan en sus sillas al mismo ritmo. Así, la reciprocidad que articula los movimientos de la gente que se encuentra emocionalmente vinculada presenta la misma sincronía que Daniel Stern descubrió en aquellas madres que se encuentran sintonizadas con sus hijos.
La sincronía parece facilitar la emisión y recepción de estados de ánimo, aunque se trate de estados de ánimo negativos. Por ejemplo, en una determinada investigación sobre la sincronía física se estudió en situación de laboratorio la forma en que las mujeres deprimidas discutían con su pareja descubriendo que, cuanto mayor era el grado de sincronía no verbal en las parejas, peor se sentían los compañeros de las mujeres deprimidas al finalizar la discusión, como si hubieran quedado atrapados en el estado de ánimo negativo de su pareja. En resumen, pues, parece que cuanto mayor es el grado de sintonía física existente entre dos personas, mayor es la semejanza entre sus estados de ánimo, sin importar tanto el que éste sea optimista o pesimista.
La sincronía entre maestros y discípulos constituye también un indicador del grado de relación existente entre ellos, y los estudios realizados en el aula señalan que cuanto mayor es el grado de coordinación de movimientos entre maestro y discípulo, mayor es también la amabilidad, satisfacción, entusiasmo, interés y tranquilidad con que interactúan. Hablando en términos generales, podríamos decir que el alto nivel de sincronía de una determinada interacción es un indicador del grado de relación existente entre las personas implicadas. Frank Bernieri, el psicólogo de la Universidad del Estado de Oregón que llevó a cabo este estudio me contaba que «la comodidad o incomodidad que experimentamos con los demás es, en cierto modo, física. Para que dos personas se sientan a gusto y coordinen sus movimientos, deben tener ritmos compatibles. La sincronía refleja la profundidad de la relación existente entre los implicados y, cuanto mayor es el grado de compromiso, más interrelacionados se hallan sus estados de ánimo, sean éstos positivos o negativos».
En resumen, la coordinación de los estados de ánimo constituye la esencia del rapport, la versión adulta de la sintonía que la madre experimenta con su hijo. Cacioppo propone que uno de los factores determinantes de la eficacia interpersonal consiste en la destreza con que la gente mantiene la sincronía emocional.
Quienes son más diestros en sintonizar con los estados de ánimo de los demás o en imponer a los demás sus propios estados de ánimo son también emocionalmente más amables. El rasgo distintivo de un auténtico líder consiste precisamente en su capacidad para conectar con una audiencia de miles de personas. Y, por esta misma razón, Cacioppo afirma también que las personas que tienen dificultades para captar y transmitir las emociones suelen tener problemas de relación, puesto que despiertan la incomodidad de los demás sin que éstos puedan explicar claramente el motivo.
Ajustar el tono emocional de una determinada interacción constituye, en cierto modo, un signo de control profundo e intimo que condiciona el estado de ánimo de los demás. Es muy probable que este poder para inducir emociones se asemeje a lo que en biología se denomina zeitgeber, un «temporizador», un proceso que, al igual que ocurre con el ciclo día-noche o con las fases mensuales de la luna, impone un determinado ritmo biológico (en el caso del baile, por ejemplo, la música constituye un zeitgeber corporal). En lo que se refiere a las relaciones interpersonales, la persona más expresiva —la persona más poderosa— suele ser aquélla cuas emociones arrastran a la otra. En este sentido, también hay que decir que el elemento dominante de la pareja es el que habla más, mientras que el elemento subordinado es quien más observa el rostro del otro, una forma también de manifestar el afecto. Y, por ese mismo motivo, el poder de un buen orador —un político o un evangelista, pongamos por caso— se mide por su capacidad para movilizar las emociones de su audiencia.6 Esto es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que «los tiene en la palma de la mano». La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
LOS RUDIMENTOS DE LA INTELIGENCIA SOCIAL
Es hora del recreo en la guardería y un grupo de niños está corriendo por la hierba. Reggie tropieza, se lastima la rodilla y comienza a llorar mientras todos los demás siguen con sus juegos, excepto Roger, que se detiene junto a él. Cuando los sollozos de Reggie se acallan, Roger se agacha y se frota la rodilla diciendo: «¡yo también me he lastimado!»
Thomas Hatch, colega de Howard Gardner en Spectrum, una escuela basada en el concepto de la inteligencia múltiple, cita a Roger como un modelo de inteligencia interpersonal. Al parecer, Roger tiene una rara habilidad en reconocer los sentimientos de sus compañeros y en establecer un contacto rápido y amable con ellos. Él fue el único que se dio cuenta del estado y del sufrimiento de Reggie, y también fue el único que trató de consolarle aunque sólo pudiera ofrecerle su propio dolor, un gesto que denota una habilidad especial para la conservación de las relaciones próximas —sea en el matrimonio, la amistad o el mundo laboral—, una habilidad que, en el caso de un preescolar, augura la presencia de un ramillete de talentos que irán floreciendo a lo largo de toda la vida.
El talento de Roger representa una de las cuatro habilidades identificadas por Hatch y Gardner como los elementos que componen la inteligencia emocional:
•Organización de grupos. La habilidad esencial de un líder consiste en movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas. Ésta es la capacidad que podemos advertir en los directores y productores de teatro, en los oficiales del ejército y en los dirigentes eficaces de todo tipo de organizaciones y grupos. En el patio de recreo se trata del niño que decide a qué jugarán, el niño que termina convirtiéndose en el capitán del equipo.
•Negociar soluciones. El talento del mediador consiste en impedir la aparición de conflictos o en solucionar aquéllos que se declaren. Las personas que presentan esta habilidad suelen descollar en el mundo de los negocios, en el arbitrio y la mediación de conflictos y también pueden hacer carrera en el cuerpo diplomático, en el mundo del derecho, como intermediarios o como consejeros de empresa. Son los niños, en nuestro caso, que resuelven las disputas que se presentan en el patio de recreo.
•Conexiones personales. Esta es la habilidad que acabamos de reseñar en Roger, una habilidad que se asienta en la empatía, favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y el respeto por sus sentimientos y sus intereses y permite, en suma, el dominio del sutil arte de las relaciones. Estas personas saben «trabajar en equipo» y suelen ser consortes responsables y buenos amigos o compañeros de trabajo; en el mundo de los negocios son buenos vendedores o ejecutivos y también pueden ser excelentes maestros. Los niños como Roger suelen llevarse bien con casi todo el mundo, no tienen dificultades para jugar con otros niños y disfrutan haciéndolo. Estos niños tienden a ser muy buenos leyendo las emociones de las expresiones faciales y también son muy queridos por sus compañeros.
•Análisis social. Esta habilidad consiste en ser capaces de detectar e intuir los sentimientos, los motivos y los intereses de las personas, un conocimiento que suele fomentar el establecimiento de relaciones con los demás y su profundización. En el mejor de los casos, esta capacidad les convierte en competentes terapeutas o consejeros psicológicos y, en el caso de combinarse con el talento literario, produce novelistas y dramaturgos muy dotados.
El conjunto de todas estas habilidades constituye la materia prima de la inteligencia interpersonal, el ingrediente fundamental del encanto, del éxito social e incluso del carisma. Las personas socialmente inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier interacción humana. Ellos son los líderes naturales, las personas que saben expresar los sentimientos colectivos latentes y articularlos para guiar al grupo hacia sus objetivos. Son el tipo de personas con quienes a los demás les gusta estar porque son emocionalmente nutricios, dejan a los demás de buen humor y despiertan el comentario de que «es un placer estar con alguien así».
Estas habilidades interpersonales propician el desarrollo de otras facetas de la inteligencia emocional. Las personas que causan una excelente impresión social, por ejemplo, son expertas en controlar la expresión de sus emociones, son especialmente diestras en captar la forma en que reaccionan los demás y son capaces de mantenerse continuamente en contacto con su actividad social y de ajustarla para conseguir el efecto deseado. En este sentido, son actores especialmente habilidosos.
No obstante, si estas habilidades interpersonales no tienen el adecuado contrapeso de una clara sensación de los propios sentimientos y necesidades y del modo de satisfacerlas, pueden terminar abocando a un éxito social hueco, a una popularidad, en fin, conseguida pasando por encima de uno mismo. Esta es, al menos, la hipótesis sostenida por Mark Snyder, un psicólogo de la Universidad de Minnesota que ha estudiado a las personas cuyas habilidades sociales las convierten en verdaderos camaleones sociales, campeones en causar buena impresión, el tipo de persona cuyo credo psicológico podría resumirse en aquella cita de W.H. Auden, en la que decía que la imagen que tenía de si mismo «es muy distinta de la imagen que trato de crear en la mente de los demás para que puedan quererme». Esta especie de mercantilismo emocional suele ocurrir cuando las habilidades sociales sobrepasan a la capacidad de conocer y admitir los propios sentimientos ya que, para ser querido —o, por lo menos, para gustar—, el camaleón social parece transformarse en lo que quieren aquéllos con quienes está. En opinión de Snyder, el rasgo distintivo de quienes caen en esta pauta es que causan una impresión excelente pero mantienen relaciones muy inestables y muy poco gratificantes. La pauta realmente saludable consiste, por el contrario, en utilizar las habilidades sociales equilibradamente sin olvidarse de uno mismo.
Pero los camaleones sociales no dudan lo más mínimo en decir una cosa y hacer otra diferente, malviviendo así con la contradicción entre su rostro público y su realidad privada, si ello les reporta un mínimo de aprobación social. La psicoanalista Helena Deutsch llamaba a esas personas «personalidades como si», personalidades que manifiestan una extraordinaria plasticidad para adaptarse a las señales que reciben de quienes les rodean. «En la mayor parte de los casos —me dijo Snyder— la persona pública y la persona privada se entremezclan adecuadamente, pero en otros casos, sin embargo, parecen constituir una especie de calidoscopio de apariencias sumamente tornadizas. Son como Zelig, el personaje de Woody Alíen que trataba desesperadamente de camuflarse en función de las personas con quienes se encontraba».
Estas personas, en lugar de decir lo que verdaderamente sienten, tratan antes de buscar pistas sobre lo que los demás quieren de ellos. Para llevarse bien y ser queridos por los demás, están dispuestos a ser exageradamente amables hasta con las personas que les desagradan, y suelen utilizar sus habilidades sociales para actuar en función de lo que exijan las diferentes situaciones sociales, de modo que pueden representar personajes muy distintos en función de las personas con quienes se encuentran, cambiando de la sociabilidad más efusiva, pongamos por caso, a la circunspección más reservada. A decir verdad, estos rasgos son muy apreciados en ciertas profesiones que requieren un control eficaz de la impresión que se causa, como ocurre en el mundo del teatro, el derecho, las ventas, la diplomacia y la política.
Existe, no obstante, otro tipo de control de las emociones más decisivo, que permite diferenciar entre los camaleones sociales carentes de centro de gravedad que tratan de impresionar a todo el mundo y aquellos otros que utilizan su destreza social más en consonancia con sus verdaderos sentimientos. Estamos hablando de la integridad, de la capacidad que nos permite actuar según nuestros sentimientos y valores más profundos sin importar las consecuencias sociales, una actitud emocional que puede conducir a provocar una confrontación deliberada para trascender la falsedad y la negación, una forma de clarificación que los camaleones sociales jamás podrán llevar a cabo.
LA GÉNESIS DE LA INCOMPETENCIA SOCIAL
No cabía la menor duda de que Cecil era brillante; era un universitario experto en varios idiomas extranjeros y un soberbio traductor pero, en lo que respecta a las habilidades sociales más sencillas, se mostraba completamente inútil. No sabía ni siquiera tener una conversación intrascendente sobre el tiempo, y parecía absolutamente incapaz de la más rutinaria interacción social. Su falta de talento social resultaba más patente cuando se hallaba con una mujer. Es por ello por lo que se preguntó si todo aquello no se debería a algún tipo de «tendencias homosexuales latentes» —a pesar de no tener ningún tipo de fantasías en ese sentido— y se decidió a emprender una terapia.
Como confió a su terapeuta, el problema real radicaba en su temor a que nada de lo que pudiera decir interesara a nadie. Pero aquel miedo se asentaba en una profunda carencia de habilidades sociales. Su nerviosismo durante los encuentros le llevaba a reír en los momentos más inoportunos aunque no lo conseguía, sin embargo, por más que lo intentara, cuando alguien decía algo realmente divertido. Y esta inadecuación se remontaba a la infancia porque durante toda su vida sólo se había sentido socialmente cómodo cuando estaba con su hermano mayor quien, de algún modo, le facilitaba las cosas, pero apenas salía de casa, su incompetencia era abrumadora y se sentía completamente inútil.
Lakin Phillips, un psicólogo de la Universidad George Washington, concluyó que las dificultades de Cecil se originaban en su fracaso infantil para aprender las lecciones más elementales de la interacción social:
¿Qué podría habérsele enseñado a Cecil? Hablar directamente a los demás, entablar contacto, no esperar siempre que ellos dieran el primer paso, mantener una conversación más allá de los «síes», los «noes» o los meros monosílabos, expresar gratitud, ceder el paso a los demás antes de cruzar una puerta, esperar a servirse hasta que el otro se hubiera servido, dar las gracias, pedir «por favor», compartir y el resto de habilidades sociales que comenzamos a enseñar a los niños a partir de los dos años de edad.
No queda claro si la deficiencia de Cecil se debe al fracaso de los demás en enseñarle estos rudimentos de civismo o a su propia incapacidad para aprenderlos. Pero sea cual fuere su origen, la historia de Cecil resulta instructiva porque subraya la naturaleza esencial de las múltiples lecciones que el niño aprende en la interacción sincrónica y en las reglas no escritas de la armonía social.
Y la consecuencia de un fracaso en el aprendizaje de estas reglas llega a incomodar a quienes nos rodean. Es evidente que la función de estas reglas consiste en favorecer el intercambio social y que la inadecuación genera ansiedad. Así pues, las personas que carecen de estas habilidades no sólo son ineptas para las sutilezas de la vida social sino que también tienen dificultades para manejar las emociones de la gente que les rodea e inevitablemente terminan generando perturbaciones a su alrededor.
Todos conocemos a personas como Cecil, personas con una enojosa falta de desenvoltura social, personas que no parecen saber cuándo poner fin a una conversación o a una llamada telefónica y que siguen hablando sin darse cuenta de todos los indicadores de despedida, personas cuya conversación gira exclusivamente en torno a si mismos, personas que no muestran el menor interés en los demás y que ignoran todo intento de cambiar de tema, entrometidos que siempre parecen tener a punto alguna pregunta «indiscreta». Y todas estas desviaciones de la trayectoria social afable denotan una clara ignorancia de los rudimentos de la interacción social.
Los psicólogos han acuñado el término disemia (del griego dys, que significa «dificultad» y semes, que significa «señal») para referirse a la incapacidad para captar los mensajes no verbales, un punto en el que un niño de cada diez suele tener problemas. Este problema puede radicar en ignorar la existencia de un espacio personal (y permanecer, en consecuencia, demasiado cerca de las personas con quienes está hablando e invadir su territorio), en interpretar o utilizar pobremente el lenguaje corporal, en interpretar o utilizar inadecuadamente la expresividad facial (por ejemplo, no mirar a quien se habla) o una prosodia (la cualidad emocional del habla) ciertamente deficiente que les lleva a hablar en un tono demasiado estridente o demasiado monótono. En este sentido se ha investigado mucho sobre niños que muestran signos de deficiencia social, niños cuya inadecuación les hace ser menospreciados o rechazados por sus compañeros.
Si dejamos de lado a los fanfarrones, los niños suelen evitar a aquéllos otros que ignoran los rudimentos de la interacción cara a cara, especialmente de las reglas implícitas que gobiernan el encuentro interpersonal. Si un niño tiene dificultades en el lenguaje, las personas asumen que no es muy brillante o que está poco educado, pero si tiene dificultades en lo que respecta a las reglas no verbales de la interacción, se les suele considerar —especialmente sus compañeros— como «niños raros», niños a los que hay que evitar. Estos son los niños que no saben jugar, que incomodan a los demás, que están, en suma, «fuera de juego».
Son niños que no han llegado a dominar el lenguaje silencioso de las emociones y que inconscientemente emiten mensajes que causan incomodidad.
Como dijo Stephen Nowicky, un psicólogo de la Universidad Emory que se ha dedicado al estudio de las habilidades no verbales de los niños, «los niños que no pueden expresar sus emociones o leer adecuadamente las de los demás se sienten continuamente frustrados. Son niños que no comprenden lo que está ocurriendo porque no llegan a acceder al subtexto constante que encuadra todo tipo de comunicación. Recordemos que es imposible dejar de mostrar nuestra expresión facial o nuestra postura, y que tampoco hay modo de ocultar nuestro tono de voz. Si usted comete errores en los mensajes emocionales que emite de continuo, sentirá que las personas reaccionan de manera extraña y se sentirá desairado sin saber por qué. Si usted cree que está expresando felicidad pero, en cambio, lo que muestra es enojo, descubrirá que los demás están enojados y no comprenderá el motivo.
«Estos niños terminan careciendo de toda sensación de control sobre la forma en que les tratan los demás y sobre la forma en que sus acciones afectan a quienes les rodean, una situación que les hace sentirse incapaces, deprimidos y apáticos».
Pero además de convertirse en individuos socialmente aislados, estos niños también suelen tener problemas académicos. El aula es simultáneamente una situación social y una situación académica, de modo que es muy probable que el niño socialmente incompetente comprenda y responda tan inadecuadamente a un maestro como a otro niño. Y la ansiedad y confusión resultantes pueden, a su vez, entorpecer la capacidad de aprendizaje. De hecho, los tests de sensibilidad no verbal infantil han demostrado que el rendimiento académico de los niños que no tienen en cuenta los indicadores emocionales es inferior al que seria de esperar en función de su Cl.’
«TE ODIAMOS»: EL MOMENTO CRITICO
Uno de los momentos en los que la ineptitud social resulta más dolorosa y explícita es cuando el niño trata de acercarse a un grupo de niños para jugar. Y se trata de un momento especialmente crítico porque entonces es cuando se hace patente públicamente el hecho de ser querido o de no serlo, de ser aceptado o no. Es por este motivo por lo que los estudiosos del desarrollo infantil se han ocupado de investigar estos momentos cruciales y han llegado a la conclusión de que existe un marcado contraste entre las estrategias de aproximación utilizadas por los niños populares y las que usan quienes podríamos llamar proscritos sociales. Los descubrimientos realizados en este sentido destacan la importancia extraordinaria de las habilidades sociales para registrar, interpretar y responder a los datos emocional e interpersonalmente relevantes. Es conmovedor ver a un niño dar vueltas en torno a un grupo de niños que están jugando y descubrir que no se lo permiten. Como demostró un estudio realizado con niños de segundo y tercer grado, el 26% de las veces, hasta los niños más populares y queridos son rechazados cuando tratan de aproximarse a jugar con otros niños.
Los niños pequeños son cruelmente sinceros en los juicios emocionales implícitos en tales rechazos. Veamos, por ejemplo, el siguiente diálogo que tuvo lugar en una guardería entre niños de cuatro años de edad.’
Linda queda jugar con Barbara, Nancy y Bill que estaban jugando con animales de juguete y bloques de construcción. Durante un minuto estuvo observando lo que ocurría y luego se aproximó a Barbara y comenzó a jugar con los animales.
Barbara entonces se dirigió a ella diciéndole.
—¡No puedes jugar!
—¡Sí que puedo! —replicó Linda— ¡Yo también puedo jugar!
—¡No, no puedes! —respondió Barbara, con brusquedad— ¡Hoy no te queremos!
Entonces Bill protestó en nombre de Linda, pero Nancy se unió al ataque agregando:
—¡Hoy te odiamos!
Es precisamente el riesgo de sentirse odiado, implícita o explícitamente, el que hace que los niños sean especialmente cautos a la hora de aproximarse a un grupo. Y es muy probable que esta ansiedad no sea muy distinta de la que siente el adolescente que se encuentra aislado en medio de una charla que sostienen en una fiesta quienes parecen ser amigos íntimos. Y también es por esto por lo que este momento resulta, como dijo un investigador, «sumamente diagnóstico [...] porque revela claramente las diferencias en las habilidades sociales». Lo normal es que los recién llegados comiencen observando lo que ocurre durante un tiempo y que luego pongan en marcha sus estrategias de aproximación, mostrando su asertividad de manera muy discreta. Lo más importante a la hora de determinar si un niño será aceptado o no es su capacidad para comprender el marco de referencia del grupo y para saber qué cosas son aceptables y cuáles se hallan fuera de lugar.
Los dos pecados capitales que suelen despertar el rechazo de los demás son el intento de asumir el mando demasiado pronto y no sintonizar con el marco de referencia. Pero esto es precisamente lo que tienden a hacer los niños impopulares, tratar de cambiar de tema demasiado bruscamente o demasiado pronto, o dar sus opiniones y estar en desacuerdo inmediato con los demás, intentos manifiestos, todos ellos, de llamar la atención y que, paradójicamente, les lleva a ser ignorados o rechazados. En contraste, los niños populares, antes de aproximarse a un grupo suelen dedicarse a observarlo para comprender lo que está ocurriendo y luego hacen algo para ratificar su aceptación, esperando a confirmar su estatus en el grupo antes de tomar la iniciativa de sugerir lo que todos deberían hacer.
Volvamos ahora a Roger, el niño de cuatro años a quien Thomas Hatch ponía como ejemplo de niño con un elevado grado de inteligencia interpersonal. La táctica que Roger utilizaba para aproximarse a un grupo era la de comenzar observando, luego imitaba lo que otro niño estaba haciendo y finalmente hablaba y se ponía a jugar con él, una estrategia ciertamente ganadora. La habilidad de Roger era evidente: por ejemplo, cuando él y Warren estaban jugando a lanzar «bombas» (en realidad, piedras) desde sus calcetines. Warren le preguntó a Roger si quería estar en un helicóptero o en un avión y antes de responder. Roger inquirió: « ¿A ti qué te gusta más?» Esta interacción aparentemente inocua revela una gran sensibilidad ante los intereses de los demás y una gran capacidad para utilizar este conocimiento para mantener el contacto con ellos.
Hatch comentó con respecto a Roger: «tuvo en cuenta los deseos de su compañero para no perder la conexión con él. He visto a muchos niños que simplemente cogen su helicóptero o su avión y que, literal y figurativamente hablando, se alejan volando de los demás».
EL RESPLANDOR EMOCIONAL: INFORME DE UN CASO
Si la capacidad de sosegar la inquietud de los demás es una prueba de la destreza social, el hecho de hacerlo en pleno ataque de rabia constituye una auténtica demostración de maestría. Los datos sobre autorregulación de la angustia y contagio emocional sugieren que una estrategia eficaz puede ser la de distraer a la persona airada, empatizar con sus sentimientos y con su perspectiva y luego dirigir su atención a un foco alternativo, uno que le conecte con un campo de sentimientos más positivos, algo que bien pudiera calificarse como una especie de judo emocional.
El mejor ejemplo que recuerdo de esta habilidad sutil en el arte de la influencia emocional me lo contó mi difunto amigo Terry Dobson quien, en la década de los cincuenta, fue uno de los primeros norteamericanos que viajó a Japón a estudiar aikido.
Una noche mi amigo volvía a casa en el metro de Tokio cuando entró en el vagón un enorme, belicoso, ebrio y sucio trabajador. El hombre, tambaleándose, comenzó a asustar a los pasajeros gritando todo tipo de imprecaciones y empujó a una mujer que llevaba consigo un bebé, lanzándola hacia donde se encontraba una anciana pareja, que entonces se levantó de golpe y huyó precipitadamente al otro extremo del vagón. El borracho dio unos cuantos golpes más y. en su rabia, cogió la barra de metal que se hallaba en medio del vagón y. con un rugido, trató de arrancarla.
En aquel momento Terry. que se hallaba en plenas condiciones físicas debido a su entrenamiento diario de ocho horas de aíkido, se sintió llamado a intervenir antes de que alguien quedara seriamente dañado. Entonces recordó las palabras de su maestro: «el aikido es el arte de la reconciliación y quien lo considere como una lucha romperá su conexión con el universo. En el mismo momento en que tratas de dominar a los demás estás derrotado. Nosotros estudiamos la forma de resolver los conflictos, no de iniciarlos».
Ciertamente, cuando Terry emprendió su aprendizaje se comprometió con su maestro a no iniciar nunca una pelea y a utilizar este arte marcial sólo como una forma de defensa. Ahora acababa de descubrir una oportunidad para poner a prueba su práctica del aikido en la vida real, en lo que era un caso claro de legítima defensa. Es por ello que, mientras los demás pasajeros permanecían paralizados en sus asientos, Terry se levantó lenta y deliberadamente.
Al verle, el borracho bramó:
—¡Ah, un extranjero! ¡Lo que tú necesitas es una lección sobre modales japoneses!— y se dispuso a lanzarse sobre Terry.
Pero cuando estaba a punto de hacerlo alguien gritó en voz muy alta y divertida:
—¡Eh!
El grito mostraba el tono jovial de alguien que había reconocido súbitamente a un querido amigo. El borracho, sorprendido, se dio la vuelta y vio a un diminuto japonés de unos setenta años ataviado con un kimono que permanecía sentado. El anciano sonrió con alegría al borracho y le saludó con un leve movimiento de la mano y un animoso:
—¡Venga aquí!
El borracho se acerco dando zancadas a él preguntando, con un agresivo:
—¿Y por qué diablos debería hablar contigo?
Mientras tanto, Terry estaba dispuesto a reducir al borracho apenas hiciera el menor movimiento violento.
—¿Qué has estado bebiendo? —preguntó el anciano con sus ojos chispeantes.
—He bebido sake y ése no es asunto tuyo —vociferó el borracho.
—¡Oh, muy bien, muy bien! —replicó el anciano— ¿Sabes? A mi también me gusta el sake. Cada noche, mi esposa y yo (ella tiene setenta y seis años) nos bebemos una botella pequeña de sake en el jardín, donde nos sentamos en un viejo banco de madera…
Y luego siguió hablando de un caqui que había en su jardín y de las excelencias de beber sake en mitad de la noche.
A medida que iba escuchando al anciano, el rostro del borracho comenzó a dulcificarse y sus puños se relajaron:
—Sí… a mí también me gusta el caqui… —dijo con la voz apagada.
—Sí —replicó el anciano enérgicamente—. Y estoy seguro de que tienes una esposa maravillosa.
—¡No! —respondió el obrero—. Mi esposa murió…
Yentonces, sollozando, se lanzó a contar el triste relato de la pérdida de su esposa, de su hogar y de su trabajo, y se mostró avergonzado de sí mismo.
Cuando el metro llegó a su parada y Terry estaba saliendo del vagón alcanzó a escuchar cómo el anciano invitaba al borracho a ir a su casa para contarle más detalladamente todo aquello y aún pudo vislumbrar cómo se arrellanaba en el asiento y apoyaba su cabeza en el regazo del anciano.
Esto es resplandor emocional.
Texto:
En resumen, la coordinación de los estados de ánimo constituye la esencia del rapport, la versión adulta de la sintonía que la madre experimenta con su hijo.
El rasgo distintivo de un auténtico líder consiste precisamente en su capacidad para conectar con una audiencia de miles de personas.
La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
Comentario:
Que importante conectarme con los demás, trasciende en mis relaciones interpersonales y esto en lo positivo o negativo que genero. Me parece tan importante el hacer caso a lo que siento en esos momentos cruciales que a veces vivo, en lugar de razonar la mejor manera de tratar aquello. Muchas veces me pasa que siento algo pero en lugar de eso me pongo a pensar que es lo que haría alguien más en esa situación, con lo que acabo de leer entiendo que es muy importante lo que yo sienta para la forma en que reaccione y que eso afecta en mucho a los demás.
TEXTO:
Ajustar el tono emocional de una determinada interacción constituye, en cierto modo, un signo de
control profundo e intimo que condiciona el estado de ánimo de los demás…Esto es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que «los tiene en la palma de la mano». La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
COMENTARIO:
Pienso que esto es lo estamos trabajando en la célula, se nos recalca mucho como influir o trabajar con las emociones nuestras y en las de los demas . Se nos forma en la manera de transmitir todo aquello que deseas hacer, como llegar o influir en el grupo, como cuando en el teatro hacen un drama y nos hacen llorar .
En esto consiste tomar las emociones de todo un grupo y arrancarles las emociones, y lo descubres cuando dices no me había sentido así, como mas ligero, como que algo diferente por que te has encontrado con tus emociones.
Saludos.
Texto.
Una persona se mueve en el mismo momento en que la otra deja de hablar, ambas cambian de postura simultáneamente o una se acerca al mismo tiempo que la otra retrocede. Esta especie de coreografía puede llegar a ser tan sutil que ambas personas se muevan en sus sillas al mismo ritmo.
Comentario: Esto es muy facil de ver en un grupo de personas en un restaurante u otro lugar donde este un grupo de personas, ya que todos somos espejo de todos
y todos contribuimos al estado de amimo de todos, sincronizarse con las demas personas o el entorno es como cantar la misma canción.
1,2,3 por mi y por todos mis amigos!!!
Dios los bendice.
La sincronía parece facilitar la emisión y recepción de estados de ánimo, aunque se trate de estados de ánimo negativos.
COMENTERIO: Pues yo me he dado cuenta de esto con mi esposo que al momento de estar platicando y uno de los dos contesta de mala manera el otro inmediatamente se molesta, lo bueno que reflexionamos inmediatamente, bueno por lo menos de mi parte cuendo me doy cuenta y lo razono lo plático con él y le explico que cundo me pas eso no es con él sino que yo ando preocupada por otras cosas que puedo sentir agresion y es rtransmito.
1.”Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía”.
COMENTARIO: En verdad si puedo tener autocontrol y empatía conectadas al mi darme cuenta, llegaría a ser una persona mas plena y completa .
TEXTO:Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las «habilidades interpersonales». Estas son las aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato con los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal reiterado
Comentario: Creo que el entusiasmo en gran parte garantiza hasta el éxito en tener buenas relaciones sociales, pues en gran medida una persona que se sabe comunicar bien con los demás y que por supuesto tenga un rapport excelente con las personas, son las personas que siempre se siente bien consigo mismas y esto es vivir.
me entusiasma la idea de siempre ser una persona conectada con los demas, que pueda sentir y ver las necesidades de los demas sin olvidarme de mis propias necesidades.
1,2,3, Por mí y por todos mis amigos…………..
Bendiciones
Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.
Comentario: Esto es muy bueno saberlo, como puedo relacionarme mucho mejor con los demás, el autocontrol, el guiar a mis caballos, no permitir que se desboquen y el comprender las emociones de los demás.
El poder del valiente y silencioso desfile de los monjes que apaciguó a los soldados en pleno campo de batalla ilustra uno de los principios fundamentales de la vida social: el hecho de que las emociones son contagiosas. A decir verdad, este ejemplo constituye un caso extremo, puesto que la mayor parte del contagio emocional tiene lugar de forma mucho más sutil y es parte del intercambio tácito que se da en todo encuentro interpersonal.
Comentario: Me doy cuenta de cómo pueden influir mis emociones en los demás, las emociones se contagian, por ejemplo, si alguien está exaltado y yo tranquila o sonriente, es muy probable que esa persona se contagie de mi emoción, cambiando la suya.
El rasgo distintivo de un auténtico líder consiste precisamente en su capacidad para conectar con una audiencia de miles de personas.
Comentario: así es, los líderes somos capaces de influir en las personas, conectarlas en nuestra emoción.
En lo que se refiere a las relaciones interpersonales, la persona más expresiva —la persona más poderosa— suele ser aquélla cuyas emociones arrastran a la otra. En este sentido, también hay que decir que el elemento dominante de la pareja es el que habla más, mientras que el elemento subordinado es quien más observa el rostro del otro, una forma también de manifestar el afecto. Y, por ese mismo motivo, el poder de un buen orador —un político o un evangelista, pongamos por caso— se mide por su capacidad para movilizar las emociones de su audiencia.6 Esto es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que «los tiene en la palma de la mano». La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
Comentario: Esto me impulsa a conectarme más con mis emociones a expresarlas, a ser capaz de influir en las emociones de los demás, me imagino dando un tema o predicando, ayer me dí cuenta de cómo puedo contagiar de mi emoción a los demás.
* TEXTO:
La capacidad de conocer los sentimientos de los demás y de hacer algo para transformarlos, una capacidad que constituye el fundamento mismo del sutil arte de manejar las relaciones.
* MI COMENTARIO:
Dios no se equivoca al habernos dado la capacidad de ser seres sociables.
Las relaciones personales no solo consisten en intercambiar simple información, sino también el de compartir emociones y sentimientos con las cuales tenemos la fuerza y capacidad de transformar e influir en la vida de las personas..
Se que debo tomar conciencia del poder que Dios me ha dado al generar, causar y crear algo en los demás con mi vida, con mis palabras y con mi comunicación no verbal y analizar cuáles han sido mis resultados hasta ahora, pues creo que aún me falta mucho por hacer con estas herramientas que Dios puso en mi, hija suya, pues al crearme a imagen y semejanza suya, me invita a ser creadora y transformadora de este mundo.
* TEXTO:
Para poder conectar con los demás es necesario un mínimo de sosiego interno.
Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el
arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.
* MI COMENTARIO:
Que importante y vital es esto en las relaciones que sostenemos con los demás pues es bien sabido que “ nadie puede dar de lo que no se tiene “ .
En lo personal me hace reflexionar en que si mi meta es el de convertirme en una experta en el manejo de mis emociones con el fin de tener una vida plena debo de trabajar muy arduamente y cada día para así, y sobre la marcha, poder contribuir al crecimiento de mi familia y de la gente que quiero y que me rodea.
Se que como cristiana, debo ser luz del mundo y sal de la tierra, y que en mi vida debo dejar huella de paz y de amor y creo que solo con la gracia de Dios y el conocimiento de mi misma puedo llegar más rápido a mi meta.
Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.
Comentario: Estas dos habilidades emocionales y fundamentales, el autocontrol y la empatia, siento que no he llegado a desarrollar pero puedo relacionarme con las demas personas y hacer una platica que en mi opinion no es tan superficial,
pero claro que me falta mucho para aprender y poder trasmitir mis emociones que es lo que me interesa saber tener un control de ellas y trasmitirlas a los demas, confio y espero lograrlo es una de mis
grandes metas y lo lograre, si Dios quiere.
Dios los bendiga.
En cada encuentro que sostenemos emitimos señales emocionales y esas señales afectan a las personas que nos rodean. Cuanto más diestros somos socialmente, más control tenemos sobre las señales que emitimos; a fin de cuentas, las reglas de urbanidad son una forma de asegurarnos de que ninguna emoción desbocada dificultará nuestra relación (una regla social que, cuando afecta a las relaciones intimas, resulta sofocante.
COMENTARIO:
Cada vez que me comunico con las personas a mi alrededor emito señales emocionales y en la medida en que yo controle mis emociones y no me deje dominar por ellas, podré tener una mejor relación con estas personas no permitiendo que ninguna emoción desbocada dificulte mi manera de comunicarme.
Hola que tal, espero esten muy bien, en este capitulo aprendi que la abilidad de socializar esta intimamente ligada con las destrezas emocionales, el autocontrol, la empatia y la capacidad de mostrar las emociones que sentimos en su forma mas pura.
otro aspecto importante es que siempre que interactuamos con otras personas tenemos un intercambio de emocioenes, ya que estan son contagiosas y fluyen normalmente en el sentido de la persona mas apta para demostrar sus emociones a la mas debil emocionalmente.
Cuando aprendemos a autodominarnos emocionalmenete , a expresar las emociones que nosotros queremos expresar en la intencidad deseada y durante el tiempo que nosotros determinemos, entonses podemos influir y manejar las emociones de las personas que interqactuan con nosotrso.
TEXTO: “Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.”
COMENTARIO.
Desarrollando el autocontrol y la empatìa lograremos dar a otras personas pautas a seguir de acuerdo a los intereses que segun convengan, ya que podrìamos influir para beneficio de todos, otro ejemplo serìa cuando la persona esta nerviosa o alterada porque conocemos sus emociones y las podrìamos tranqulizar, asì como el sentir de los demàs en cuanto a las emociones en ese preciso momento, en fin estas habilidades nos habren el camino para una relaciòn personal con los demàs. Aqui y ahora es cuando debemos de asimilar y desarrollarlas de acuerdo a nuestro servicio de lideres en la comunidad, vaya que si hace falta.
TEXTO: “El rasgo distintivo de un auténtico líder consiste precisamente en su capacidad para conectar con una audiencia de miles de personas.
COMENTARIO.
Es preciso ser expresivos con nuestro cuerpo y con nuestra cara, para posteriormente contagiar emocionalmente a las demàs personas, sin lugar a dudas que estas caracteristicas todo lider debe de tener para poder llevar una relaciòn màs plena con las personas a las cuales esta sirviendo y llevando a vivir en el amor a Dios. Asì mismo ponerlo en practica iniciando de lo particular a lo general, es decir desde mi familia a hasta la comunidad. Esto lo he exprimentado en diferentes ocaciones cuando he estado desanimado y me toca convivir con personas despiden una alegria a màs no poder me he contagiado de esa alegrìa, asì que trabajando en estas caracteristicas y combinandolas con el autocontrol y empatìa llevariamos una vida plena en cuanto a relaciones interpersonales.
TEXTO: “los niños que no pueden expresar sus emociones o leer adecuadamente las de los demás se sienten continuamente frustrados.”
COMENTARIO.
Es logico que estas personas batallaran para relacionarse socialmente pues las demàs personas o no los aceptan o no los entienden por lo que optan por alejarse de ellos.
Por lo que se tiene que trabajar con este tipo de personas para que alcance a desarrollar habilidades para expresar sus emociones y trabajar en la empatìa para evitar ser un incompetente social.
texto. Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las «habilidades interpersonales». Estas habilidades sociales son las que nos permiten relacionarnos con los demás, movilizarles, inspirarles, persuadirles, influirles y tranquilizarles profundizar, en suma, en el mundo de las relaciones.
Comentario.
Estás habilidades creo que las debería estar trabajando a diario, pues de estas dependen mucho poderme relacionar con las personas y poder influir en ellas, claro que voy a empezar a trabajar con ellas.
texto. el poder de un buen orador —un político o un evangelista, pongamos por caso— se mide por su capacidad para movilizar las emociones de su audiencia. La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
Comentario.
Que tan importante es este punto ya que debería estar conectada con todas mis emociones para poder hacer la movilización emocional, y así por captar muy bien a las persoans para de esa manera influir en ellas.
texto. La pauta realmente saludable consiste, por el contrario, en utilizar las habilidades sociales equilibradamente sin olvidarse de uno mismo.
Comentario
Considero que este punto es muy importante porque lo que trasmito debe estár basado en lo que soy, porque si no m e caería perfecto esto que Jesús le decía a los fariseos sepulcros blanqueados por dentro, creo que necesito trabajar en tener un equilibrio entre lo que dijo y hago, es decir sin caretas.
texto. En el mismo momento en que tratas de dominar a los demás estás derrotado. Nosotros estudiamos la forma de resolver los conflictos, no de iniciarlos».
Comentario.
Me parece importantisimo ya que siempre en donde quiera que este llevaré a Jesús en mi vida, es decir siempre buscaré ser reconciliador entre cualqueir situación que se acalore, pero considero muy importante pensar en nunca querer dominar a los demás o derrotar más bien siempre buscar el lado de todos ganar.
Buen día a todos:
Mi momento de ncuentro con Dios lo tube de 7:05 a.m. a 8:10 a.m. El señor me dice a travez de su palabra que sea valiente y que para ser un verdadero siervo suyo es necesario enardeser mi corazón como un verdadero guerrero (¡eeeeeeeeeeehhhhhhh!)
mi lectura fue 1 Cro cap 4 al 11.
cita del imperativo: 1 Cro 11,11 “He aquí la lista de los valiantes de David: Jasobán, el Jacamonita,el mas famoso de los tres,queempuño su lanza contra trecientos hombres y los mató de una sol vez.”
Imperativo: Ser valiente, confiar en el Señor y tener el corazón ardiente.
Ascesis: Ayuno
ME LLAMARON LA ATENCIÓN LOS SIGUIENTES PÁRRAFOS:
“Pero para llegar a dominar esta capacidad, los niños deben poder dominarse previamente a si mismos, deben poder manejar sus angustias y sus tensiones, sus impulsos y su excitación, aunque sea de un modo vacilante, puesto que para poder conectar con los demás es necesario un mínimo de sosiego interno. Es precisamente en este período cuando, en lugar de recurrir a la fuerza bruta, aparecen los primeros rasgos distintivos de la capacidad de controlar las propias emociones, de esperar sin gimotear, de razonar o de persuadir (aunque no siempre elijan estas opciones)”. Esto sirve no sólo para los niños, sino también para mí, es decir, el autor está mencionando un proceso natural en los niños, pero yo, aún a mis años no he logrado equilibrar esa faceta del sosiego interno.
“Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía”. Pienso que es desde dentro hacia fuera, es decir me controlo y te comprendo.
“En cada encuentro que sostenemos emitimos señales emocionales y esas señales afectan a las personas que nos rodean. Cuanto más diestros somos socialmente, más control tenemos sobre las señales que emitimos; a fin de cuentas, las reglas de urbanidad son una forma de asegurarnos de que ninguna emoción desbocada dificultará nuestra relación”. Pero nos impiden (los buenos modales) ser espontáneos.
“El grado de armonía emocional que experimenta una persona en un determinado encuentro se refleja en la forma en que adapta sus movimientos físicos a los de su interlocutor (un indicador de proximidad que suele tener lugar fuera del alcance de la conciencia). Una persona se mueve en el mismo momento en que la otra deja de hablar, ambas cambian de postura simultáneamente o una se acerca al mismo tiempo que la otra retrocede”. Eso me empezó a pasar con Julio y así fue que descubrimos que estábamos enamorados.
Los psicólogos han acuñado el término disemia (del griego dys, que significa «dificultad» y semes,
que significa «señal») para referirse a la incapacidad para captar los mensajes no verbales, un punto en el
que un niño de cada diez suele tener problemas. A veces me pasa eso, que no puedo captar las señales y esto que leo ahora me sirve para mantenerme despierta al respecto.“Las personas socialmente
inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus
sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier
interacción humana. Ellos son los líderes naturales, las personas que saben expresar los sentimientos
colectivos latentes y articularlos para guiar al grupo hacia sus objetivos. Son el tipo de personas con quienes
a los demás les gusta estar porque son emocionalmente nutricios, dejan a los demás de buen humor y
despiertan el comentario de que «es un placer estar con alguien así»”. Pienso que antes yo era así, pero algo me pasó, algo en lo que ya no fui tan capaz de relacionarme como antes; pero poco a poco he logrado recuperarme.
Dios los bendice Guerreros ¡¡¡¡¡¡¡GGGGGGRRRRRRR!!!!!!
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“Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía”
Esta parte del Libro me parece muy interesante, por que me dice que debo alcanzar el autocontrol ( que hasta ahora no lo he logrado conseguir, y estoy en un proceso de alcanzarlo) y llegar a la empatía para el dominio de las relaciones con los demás, si lo voy a hacer estoy dispuesto, no importa el riesgo lo voy a corer.
Perdón este si es el correcto.
Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las «habilidades interpersonales». Estas son las aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato con los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal reiterado. Y también es precisamente la carencia de estas habilidades la causante de que hasta las personas intelectualmente más brillantes fracasen en sus relaciones y resulten arrogantes, insensibles y hasta odiosas. Estas habilidades sociales son las que nos permiten relacionarnos con los demás, movilizarles, inspirarles, persuadirles, influirles y tranquilizarles profundizar, en suma, en el mundo de las relaciones.
Ahora entendo lo importante que es desarrollar el autocontrol y la empatia. No obstante, nadie nos enseña a como hacerlo, y lo que es mas nuestra incapacidad de entenderlo y controlarlos, no hace cometer barbaridades sobre todo los que tenemos hijos pequeños. evantualmente no encontramos con conductas identicas de nuestra esposa o esposo en los niños, que dices este realmente si es hijo de…..mi vida.
Que sabio es Dios, nos pide la Ascesis, para que me entrenen en el autocontrol.
Que logica tiene Dios, que como primer mandamiento para una exelente convivencia, me pide amarlo a él y a mi progimo como a mi mismo, para ejercitar la empatia.
Dios me ha seleccionado para, formar dirigir y guiar a los demas, por lo tanto, no tengo excusa para no echar mano de estos conocimientos y ponerlos en practica, para el servicio de los demas.
Hasta luego guerreros de historia.
Caminaban perfectamente en línea recta —recuerda David Bush, uno de los soldados integrantes de aquel pelotón— sin desviarse a la derecha ni a la izquierda. Fue muy extraño pero nadie les disparó un solo tiro y, después de que hubieran atravesado el sendero, la lucha concluyó. Nadie pareció querer seguir combatiendo, al menos no aquel día. Y lo mismo debió de haber ocurrido en el bando contrario porque todos dejamos de disparar, simplemente dejamos de disparar».
El poder del valiente y silencioso desfile de los monjes que apaciguó a los soldados en pleno campo de batalla ilustra uno de los principios fundamentales de la vida social: el hecho de que las emociones son contagiosas. A decir verdad, este ejemplo constituye un caso extremo, puesto que la mayor parte del contagio emocional tiene lugar de forma mucho más sutil y es parte del intercambio tácito que se da en todo encuentro interpersonal.
Me hace ver lo importante que es mi actitud que yo puedo transmitir a los demas animo, alegria, tristeza que mis emociones pueden influir en los demas y eso me hace comprometerme por el Señor
Lakin Phillips, un psicólogo de la Universidad George Washington, concluyó que las dificultades de Cecil se originaban en su fracaso infantil para aprender las lecciones más elementales de la interacción social:
¿Qué podría habérsele enseñado a Cecil? Hablar directamente a los demás, entablar contacto, no esperar siempre que ellos dieran el primer paso, mantener una conversación más allá de los «síes», los «noes» o los meros monosílabos, expresar gratitud, ceder el paso a los demás antes de cruzar una puerta, esperar a servirse hasta que el otro se hubiera servido, dar las gracias, pedir «por favor», compartir y el resto de habilidades sociales que comenzamos a enseñar a los niños a partir de los dos años de edad.
No queda claro si la deficiencia de Cecil se debe al fracaso de los demás en enseñarle estos rudimentos de civismo o a su propia incapacidad para aprenderlos.
Mi comentario:
Desde niño mi miedo a relacionarme con los demas radicaba, si en realidad todo lo que compartiera fuera de provecho, pero en realidad era la falta de conocimiento y aprendizaje de lo mas importante de las relaciones sociales, de mi incapacidad para aprender a desenvolverme con seguridad ante un grupo de gente.
Gracias por esta enseñanza que me ha estado formando en estos aspectos tan importantes de mi vida y en el cual he ganado un gran tesoro no solo con esta lectura, sino aprender a relacionarme con todos ustedes que son mis grandes amigos.
PARRAFO:”"”Así pues, el requisito para llegar a controlar las emociones de los demás —para llegar a dominar el arte de las relaciones— consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.”"”
COMENTARIO: La vdd se me hace interesante como el autocontrol y la empatía influye mucho en mi area relacional en algunas veces siento que e influido en ese aspecto antes era inconciente de eso pero ahora me doy cuenta de que a veces mis emociones influyen en los demas, de una u otra manera a veces aunque sea vergonzoso para mi negativamente siento que de esta manera tambien he influido y pues ahora me doy cuenta que puedo evitar eso con auticontrol de mis emociones.
PARRAFO”"”El sentido de la transferencia de estados de ánimo entre dos personas va desde la más expresiva hasta la más pasiva. No obstante, existen personas especialmente proclives al contagio emocional, ya que su sensibilidad innata hace que su sistema nervioso autónomo (un indicador de la actividad emocional) se active con más facilidad. Esta habilidad parece hacerlos tan impresionables que un mero anuncio puede hacerles llorar mientras que un comentario banal con alguien alegre puede llegar a animarles (lo cual, por cierto, les convierte en personas muy empáticas porque se ven fácilmente conmovidas por los sentimientos de los demás).”"”
COMENTARIO: honestamente me considero una persona de las que menciona el parrafo, no puedo ver a alguien llorar porque genero lagrimas o entusiasmo porque es lo mismo.. a veces me cuesta conternerme pero tambien honestamente lo disfruto, aunque me digan que soy chillona, que me dejo contagiar de emociones facilmente…y no lo veo tan bien porque tambien lo negativo tambien me pega la apatía etc.
espero seguir conociendo mas del autocontrol para mejorar..
Saludos¡¡¡¡
Guerreros GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
Les presento esta parte de los camaleones donde les gusta aparecer y aceptar lo que quieren que las gente quiere este tipo de personas recibir lo que los demás les quieren dar
En mi vida a veces participo como un camaleón tal ves por eso me encanto este capitulo
Pero los camaleones sociales no dudan lo más mínimo en decir una cosa y hacer otra diferente, malviviendo así con la contradicción entre su rostro público y su realidad privada, si ello les reporta un mínimo de aprobación social. La psicoanalista Helena Deutsch llamaba a esas personas «personalidades como si», personalidades que manifiestan una extraordinaria plasticidad para adaptarse a las señales que reciben de quienes les rodean. «En la mayor parte de los casos —me dijo Snyder— la persona pública y la persona privada se entremezclan adecuadamente, pero en otros casos, sin embargo, parecen constituir una especie de calidoscopio de apariencias sumamente tornadizas. Son como Zelig, el personaje de Woody Alíen que trataba desesperadamente de camuflarse en función de las personas con quienes se encontraba».
Estas personas, en lugar de decir lo que verdaderamente sienten, tratan antes de buscar pistas sobre lo que los demás quieren de ellos. Para llevarse bien y ser queridos por los demás, están dispuestos a ser exageradamente amables hasta con las personas que les desagradan, y suelen utilizar sus habilidades sociales para actuar en función de lo que exijan las diferentes situaciones sociales, de modo que pueden representar personajes muy distintos en función de las personas con quienes se encuentran, cambiando de la sociabilidad más efusiva, pongamos por caso, a la circunspección más reservada. A decir verdad, estos rasgos son muy apreciados en ciertas profesiones que requieren un control eficaz de la impresión que se causa, como ocurre en el mundo del teatro, el derecho, las ventas, la diplomacia y la política.
Nos vemos mañana esto esta muy interesante
Hola Hola le mando las notas que mas me impactaron el día de hoy
Existen varios tipos fundamentales de despliegue de roles. Uno de ellos consiste en minimizar las emociones (la norma japonesa para expresar los sentimientos en presencia de una figura de autoridad que consiste en esconder el disgusto tras una cara de póker).
Un tercero consiste en sustituir un sentimiento por otro (algo que suele tener lugar, por ejemplo, en aquellas culturas orientales en las que decir «no» se considera de mala educación y. en su lugar, se expresan emociones positivas aunque falsas). El conocimiento de estas estrategias y del momento en que pueden manifestarse constituye un factor esencial de la inteligencia emocional.
La inteligencia emocional incluye el dominio de este intercambio; «popular» y «encantador» son términos con los que solemos referirnos a las personas con quienes nos agrada estar porque sus habilidades emocionales nos hacen sentir bien. La inteligencia emocional incluye el dominio de este intercambio; «popular» y «encantador» son términos con los que solemos referirnos a las personas con quienes nos agrada estar porque sus habilidades emocionales nos hacen sentir bien.
La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
El talento de Roger representa una de las cuatro habilidades identificadas por Hatch y Gardner como los elementos que componen la inteligencia emocional:
Organización de Grupos
Negociaciones de soluciones
Conexión personal
Análisis Social
El grado de minimizar los sentimientos y protegerlos nos agravia la vida a pesar que sentimos que esta todo controlado o bien en nuestro vivir diario.
“La consecuencia inmediata del despliegue emocional es el impacto que provoca en el receptor. En el caso que estamos considerando, el rol que aprende el niño es algo así como «esconde tus verdaderos sentimientos cuando puedan herir a alguien a quien quieras y sustitúyelos por otros que, aunque sean falsos, resulten menos dolorosos». Las reglas que rigen la expresión de las emociones no sólo forman parte del léxico de la educación social sino que también dictan la forma en que nuestros sentimientos afectan a los demás. El conocimiento y el uso adecuado de estas reglas nos lleva a causar el impacto óptimo mientras que su ignorancia, por el contrario, fomenta el desastre emocional.”
“Si la capacidad de sosegar la inquietud de los demás es una prueba de la destreza social, el hecho de hacerlo en pleno ataque de rabia constituye una auténtica demostración de maestría.”
LA HABILIDAD DE LOGRAR LA EMPATIA CON LAS PERSONAS CREA UNA VENTAJA PARA INFLUIR EN LOS ESTADOS DE ANIMOS Y LOGRAR RELACIONES FACILMENTE, MAS EXISTEN PERSONAS CON ESTA HABILIDAD MAS DESARROLLADA, LAS CUALES DAN UNA MUESTRA DE SU CAPACIDAD EN MOMENTOS DE LIDIAR CON INDIVUDUOS CON FURIA Y RABIA Y CON CONVERSACIONES Y/O LENGUAJE CORORAL CAMBIAR SU VISION Y ESTADO ACTUAL ANTE HECHOS QUE LES CAUSARON DIFICULTADES.
Las demostraciones emocionales, por supuesto, tienen concecuencias inmediatas en el impacto que producen en las personas que las recibe. La regla que aprende el niño es algo así como: “Disfraza tus verdaderos sentimientos cuando pueden lastimar a alguien que amas; en lugar de ello sustituyelo por un sentimiento falso pero menos hiriente”. estas reglas para expresar emociones son algo más que una parte del léxico de los canones sociales; dictan el impacto que nuestros sentimientos producen a los demás. Seguir bien estas reglas es tener un impacto óptimo; hacerlo deficientemente supone fomenbtar un desastre emocional.
…algunos de nosotros entramos en la vida como actores naturales. Pero en parte porque las lecciones que aprendemos sobre las reglas de demostración varían de acuerdo con los modelos que hemos conocido, la pericia difiere enormemente de una persona a otra.
Mi comentario: Eso me llamó la atención, como los adultos pueden dirigir la expresión de las emociones en los niños, tanto con su propia actitud o en el reforzamiento o castigo de éstas.
Me recuerda mi niñez, pues algunas de las personas que tenían influencia en nosotros, incluso algunos maestros en la escuela si nos enojabamos o queríamos llorar por algo que no nos gustaba o nos hacía sentir triste nos decían: “no ponga su cara” o “componga su carita” y entonces teníamos que sonreir como si no pasara nada. Yo como rebelde que soy tube muchos castigos por ello. Aunque
esto ha sido hasta alguna ventaja en ciertas ocaciones, pero en otras un gran obstaculo para mi comunicación con las personas cercanas.
Solo espero no repetir lo mismo con mis hijos, aunque no se: pues hace unos días mi niño me dijo: “quiero poner la cara que yo quiera, no quiero que me digan nada por eso”… Este libro me ha encantado pues me está ayudando muchisimo.
John Cacioppo, el psicólogo social de la Universidad de Ohio que ha estudiado este tipo de intercambio emocional sutil, señala que «comprendamos o no la mímica de la expresión facial, basta con ver a alguien expresar una emoción para evocar ese mismo estado de ánimo. Esto es algo que nos sucede de continuo, una especie de danza, una sincronía, una transmisión de emocion
“Lo que me llamo la atención de este comentario es que en mi caso cuando estoy en el Ministerio de Música en una asamblea no basta con cantar y que esto se oiga bien sino que debo de inyectarle emoción para así animar al pueblo. No se trata solamente de adornar la alabanza sino de contagiar al pueblo, de trasmitirles el canto, de llevar al pueblo a la presencia de Dios por medio del canto.”
John Cacioppo, el psicólogo social de la Universidad de Ohio que ha estudiado este tipo de intercambio emocional sutil, señala que «comprendamos o no la mímica de la expresión facial, basta con ver a alguien expresar una emoción para evocar ese mismo estado de ánimo. Esto es algo que nos sucede de continuo, una especie de danza, una sincronía, una transmisión de emocion.
John Cacioppo, el psicólogo social de la Universidad de Ohio que ha estudiado este tipo de intercambio emocional sutil, señala que «comprendamos o no la mímica de la expresión facial, basta con ver a alguien expresar una emoción para evocar ese mismo estado de ánimo. Esto es algo que nos sucede de continuo, una especie de danza, una sincronía, una transmisión de emocion
Si la capacidad de sosegar la inquietud de los demás es una prueba de la destreza social, el hecho de hacerlo en pleno ataque de rabia constituye una auténtica demostración de maestría. Los datos sobre autorregulación de la angustia y contagio emocional sugieren que una estrategia eficaz puede ser la de distraer a la persona airada, empatizar con sus sentimientos y con su perspectiva y luego dirigir su atención a un foco alternativo, uno que le conecte con un campo de sentimientos más positivos, algo que bien pudiera calificarse como una especie de judo emocional.
El mejor ejemplo que recuerdo de esta habilidad sutil en el arte de la influencia emocional
MI COMENTARIO:
Todo esto me a paresido muy interesante en la cuestion de que ami me pasa lo mismo con familiares y amigos y gente desconocida se asercan a mi.Antes yo pensaba porque me buscan a mi
y hoy me anima seguir llenandome de toda esta informacion y principalmente de Dios para poder poner paz en muchos corazónes llenos de ira, y rencores, transformarlos en alegria y felicidad
Mi comentario de Las Artes Sociales es:
Me parece muy interesante el que para poder conectar con los demás es necesario un mínimo de sosiego interno. Y así aparecen los primeros rasgos distintivos de la capacidad de controlas las propias emociones.
Y además el requisito para llegar a controlas las emociones de los demás consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales, el autocontrol y la empatía. Por eso las personas que me resultan arrogantes y hasta odiosas, probablemente carecen de estas habilidades aunque intelectualmente sean muy brillantes. El despliegue de roles se aprende a muy temprana edad y consiste a minimizar las emociones, esconder el disgusto, exagerar, y/o sustituir un sentimiento.
Las personas que son capaces de ayudar a los demás constituyen una mecánica social especialmente valiosa.
Conozcamos o no la mímica de la expresión facial, basta ver a alguien expresar una emoción para evocar ese mismo estado de ánimo.
El grado de armonía emocional en la forma en que adapta sus movimientos físicos, la sincronía parece facilitar la emisión y recepción de estados de ánimo. Entre cuanto mayor es el grado de sintonía física existente entre dos personas, mayor es la semejanza entre sus estados de animo, sin importar tanto el que este sea optimista o pesimista.
La sintonía con los estados de animo de los demás es un rasgo distintivo de un autentico líder
El conjunto de habilidades de un líder: (actores especialmente habilidosos)
Organización de grupos: movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas.
Negociar soluciones: el talento mediador consiste en impedir la aparición de conflictos o solucionar aquellos que se declaren.
Conexiones personales: favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y el respeto por sus sentimientos y sus intereses y permite en suma el dominio del sutil arte de la relaciones. Estas personas saben trabajar en equipo,
Análisis social: Esta habilidad consiste en ser capaces de detectar e intuir los sentimientos.
Los camaleones sociales son los que no dudan lo mas mínimo en decir una cosa y hacer otra diferente malviviendo así con la contradicción entre un rosto publico y su realidad privada.
La integridad de la capacidad que nos permite actuar según nuestros sentimientos y valores más profundos sin importar las consecuencias sociales.
Disemia: es la incapacidad para captar los mensajes no verbales.
Bueno esto es lo que me pareció más importante de esta parte del libro, y que el estado de animo es el que marca la pauta. en las relaciones con los que te rodean.
“En cada relación subyace un intercambio subterráneo de estados de ánimo que nos lleva a percibir algunos encuentros como tóxicos y otros, en cambio, como nutritivos. Este intercambio emocional suele discurrir a un nivel tan sutil e imperceptible que la forma en que un vendedor le dé las gracias puede hacerle sentir ignorado, resentido o auténticamente bienvenido y valorado. Nosotros percibimos los sentimientos de los demás como si se tratase de una especie de virus social.”
PUES ESTO ES MUY REAL, DE ACUERDO A COMO SEA MI ESTADO DE ANIMO, ÉSTE TERMINA POR CONTAGIAR A MI ALREDEDOR, Y ME PASA MUCHO CON CHARLY, Y CON MIS COMPAÑERAS DE TRABAJO Y MI FAMILIA, ETC, ETC.
“Las personas que son capaces de ayudar a los demás constituyen una mercancía social especialmente valiosa, son las personas a quienes nos dirigimos cuando tenemos una gran necesidad emocional puesto que, lo queramos o no, cada uno de nosotros forma parte del equipo de herramientas de transformación emocional con que cuentan los demás.”
CREO QUE DE ALGUNA FORMA TENGO UNA ESPECIE DE IMÁN CON ALGUNAS PERSONAS, PARA PLATICAR DE SUS TEMAS INTIMOS O CON ALGUNA NECESIDAD DE SER ESCUCHADOS,
ESO ME AGRADA MUCHO LA VERDAD ME GUSTA ESCUCHAR A LAS PERSONAS.
CLARO QUE TAMBIEN SOY MUCHO DE BUSCAR ALGUIEN QUE ME ESCUCHE POR QUE SIENTO UN IMÁN HACIA ELLAS.
las emociones son contagiosas. A decir verdad, este ejemplo constituye un caso extremo, puesto que la mayor parte del contagio emocional tiene lugar de forma mucho más sutil y es parte del intercambio tácito que se da en todo encuentro interpersonal.
En cada relación subyace un intercambio subterráneo de estados de ánimo que nos lleva a percibir algunos encuentros como tóxicos y otros, en cambio, como nutritivos. Este intercambio emocional suele discurrir a un nivel tan sutil e imperceptible que la forma en que un vendedor le dé las gracias puede hacerle sentir ignorado, resentido o auténticamente bienvenido y valorado. Nosotros percibimos los sentimientos de los demás como si se tratase de una especie de virus social.
Me llama la atencion como es verdad que dependiendo el estado de animo y la forma de responder es la que hace la diferencia en las demas personas y como nos contagiamos unos a otros.
“La capacidad de expresar los propios sentimientos constituye una habilidad social fundamental.
En cada encuentro que sostenemos emitimos señales emocionales y esas señales afectan a las personas que nos rodean. Cuanto más diestros somos socialmente, más control tenemos sobre las señales que emitimos; a fin de cuentas, las reglas de urbanidad son una forma de asegurarnos de que ninguna emoción desbocada dificultará nuestra relación (una regla social que, cuando afecta a las relaciones intimas, resulta sofocante).
cada uno de nosotros forma parte del equipo de herramientas de transformación emocional con que cuentan los demás.
MI COMENTARIO ES: QUE YO PUEDO HACER QUE CON MIS EMOCIONES LAS PERSONAS CAMBIEN PARA BIEN O PARA MAL DEPENDIENDO COMO ANDE YO EN ESE ASPECTO QUE EN CUANTO MEJORE MI ASPECTO EMOCIONAL VOY A CONTAGIAR A LAS DEMAS PERSONAS CON LAS QUE ESTOY Y ESTO SERA QUE TODOS TENDREMOS LA MISMA EMOCION. YO TENGO UNA HABILIDAD PARA PODER CONTAGIAR A LA PERSONA CON LA QUE ESTOY YA SEA PARA BIEN O PARA MAL.