Fue una pequeña tragedia familiar. Carl y Ann estaban enseñando a su hija Leslie, de cinco años de edad, a jugar a un nuevo videojuego. Pero, cuando Leslie comenzó a jugar, las ansiosas órdenes de sus padres eran tan contradictorias que más que tratar de «ayudarla» parecían tentativas de dificultar su aprendizaje.
—¡A la derecha, a la derecha! ¡Alto! ¡Alto! —gritaba Ann, cada vez más fuerte y ansiosamente.
—¡Fíjate bien! ¿Ves cómo no estás alineada?… ¡Muévete hacia la izquierda! —ordenaba bruscamente su padre Carl.
Mientras tanto Leslie, mordiéndose los labios, permanecía con los ojos completamente fijos en la pantalla, tratando de seguir sus indicaciones.
Entre tanto Ann, con una mirada de franca frustración, seguía exclamando:
—¡Alto! ¡Alto!
Entonces Leslie, incapaz de complacer a ambos a la vez, contrajo la mandíbula y empezó a sollozar. Sus padres, ignorando las lágrimas de Leslie, comenzaron a discutir:
—¿Pero no te das cuenta de que apenas mueve la raqueta? —gritaba Ann, exasperada.
Las lágrimas rodaban por las mejillas de Leslie, pero ni Carl ni Ann parecieron darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Pero cuando Leslie se enjugó los ojos, su padre le espetó:
—¿Por qué quitas la mano del mando? ¿No ves que si lo haces no podrás reaccionar? ¡Ponla de nuevo en su sitio!
—Muy bien. ¡Ahora muévela sólo un poquito! —seguía gritando mientras tanto Ann.
Pero Leslie ya estaba sollozando otra vez, a solas con su angustia.
En momentos así los niños aprenden lecciones muy profundas. Una de las conclusiones que Leslie debió de extraer de aquella dolorosa experiencia fue que sus padres no tenían en cuenta sus sentimientos. Este tipo de situaciones, reiteradas continuamente durante toda la infancia, constituye un verdadero aprendizaje emocional cuyas lecciones pueden llegar a determinar el curso de toda una vida. La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
Este aprendizaje emocional no sólo opera a través de lo que los padres dicen y hacen directamente a sus hijos, sino que también se manifiesta en los modelos que les ofrecen para manejar sus propios sentimientos y en todo lo que ocurre entre marido y mujer. En este sentido, hay padres que son auténticos maestros mientras que otros, por el contrario, son verdaderos desastres.
Hay cientos de estudios que demuestran que la forma en que los padres tratan a sus hijos —ya sea la disciplina más estricta, la comprensión más empática, la indiferencia, la cordialidad, etcétera— tiene consecuencias muy profundas y duraderas sobre la vida emocional del niño, pero, a pesar de ello, sólo hace muy poco tiempo que disponemos de pruebas experimentales incuestionables de que el hecho de tener padres emocionalmente inteligentes supone una enorme ventaja para el niño. Además de esto, la forma en que una pareja maneja sus propios sentimientos constituye también una verdadera enseñanza, porque los niños son muy permeables y captan perfectamente hasta los más sutiles intercambios emocionales entre los miembros de la familia. Cuando el equipo de investigadores dirigidos por Carole Hooven y John Gottman, de la Universidad de Washington, llevó a cabo un microanálisis de la forma en que los padres manejan las interacciones con sus hijos, descubrieron que las parejas emocionalmente más maduras eran también las más competentes para ayudarles a hacer frente a sus altibajos emocionales
En esa investigación se visitaba a las familias cuando uno de sus hijos tenía cinco años de edad y cuando éste alcanzaba los nueve años. Además de observar la forma en que los padres hablaban entre sí, el equipo de investigadores también se dedicó a investigar la forma en que las familias que participaron en el estudio (entre las cuales se hallaba la familia de Leslie) enseñaban a sus hijos a jugar a un nuevo videojuego, una interacción aparentemente inocua pero sumamente reveladora del trasiego emocional entre padres e hijos.
Algunos padres eran como Ann y Carl (autoritarios, impacientes con la inexperiencia de sus hijos y demasiado propensos a elevar el tono de voz ante el menor contratiempo), otras descalificaban rápidamente a sus hijos tildándolos de «estúpidos», convirtiéndoles así en víctimas propiciatorias de la misma tendencia a la irritación e indiferencia que consumía sus matrimonios. Otras, por el contrario, eran pacientes con las equivocaciones de sus hijos y les dejaban jugar a su aire en lugar de imponerles su propia voluntad. De esta manera, la sesión de videojuego se convirtió en un sorprendente termómetro del estilo emocional de los padres.
El estudio demostró que los tres estilos de parentaje emocionalmente más inadecuados eran los siguientes:
•Ignorar completamente los sentimientos de sus hijos. Este tipo de padres considera que los problemas emocionales de sus hijos son algo trivial o molesto, algo que no merece la atención y que hay que esperar a que pase. Son padres que desaprovechan la oportunidad que proporcionan las dificultades emocionales para aproximarse a sus hijos y que ignoran también la forma de enseñarles las lecciones fundamentales que pueden aumentar su competencia emocional.
•El estilo laissez-faire. Estos padres se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero son de la opinión de que cualquier forma de manejar los problemas emocionales es adecuada, incluyendo, por ejemplo, pegarles. Por esto, al igual que ocurre con quienes ignoran los sentimientos de sus hijos, estos padres rara vez intervienen para brindarles una respuesta emocional alternativa. Todos sus intentos se reducen a que su hijo deje de estar triste o enfadado, recurriendo para ello incluso al engaño y al soborno.
•Menospreciar y no respetar los sentimientos del niño. Este tipo de padres suelen ser muy desaprobadores y muy duros, tanto en sus críticas como en sus castigos. En este sentido pueden, por ejemplo, llegar a prohibir cualquier manifestación de enojo por parte del niño y ser sumamente severos ante el menor signo de irritabilidad. Éstos son los padres que gritan «¡no me contestes!» al niño que está tratando de explicar su versión de la historia.
Pero, finalmente, también hay padres que aprovechan los problemas emocionales de sus hijos como una oportunidad para desempeñar la función de preceptores o mentores emocionales. Son padres que se toman lo suficientemente en serio los sentimientos de sus hijos como para tratar de comprender exactamente lo que les ha disgustado (« ¿estás enfadado porque Tommy ha herido tus sentimientos?»), y les ayudan a buscar formas alternativas positivas de apaciguarse («¿por qué, en vez de pegarle, no juegas un rato a solas hasta que puedas volver a jugar con él?»).
Pero, para que los padres puedan ser preceptores adecuados, deben tener una mínima comprensión de los rudimentos de la inteligencia emocional. Si tenemos en cuenta que una de las lecciones emocionales fundamentales es la de aprender a diferenciar entre los sentimientos, no nos resultará difícil entender que un padre que se halle completamente desconectado de su propia tristeza mal podrá ayudar a su hijo a comprender la diferencia que existe entre el desconsuelo que acompaña a una pérdida, la pena que nos produce una película triste y el sufrimiento que nos embarga cuando algo malo le ocurre a una persona cercana. Más allá de esta distinción hay otras comprensiones más sutiles como, por ejemplo, la de que el enfado suele ser una respuesta que surge de algún sentimiento herido.
En la medida en que un niño asimila las lecciones emocionales concretas que está en condiciones de aprender —y, por cierto, que también necesita—sufre una transformación. Como hemos visto en el capítulo 7, el aprendizaje de la empatía comienza en la temprana infancia y requiere que los padres presten atención a los sentimientos de su bebé. Aunque algunas de las habilidades emocionales terminen de establecerse en las relaciones con los amigos, los padres emocionalmente diestros pueden hacer mucho para que sus hijos asimilen los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás.
El impacto en los hijos de los progenitores emocionalmente competentes es ciertamente extraordinario. El equipo de la Universidad de Washington que antes mencionamos descubrió que los hijos de padres emocionalmente diestros —comparados con los hijos de aquéllos otros que tienen un pobre manejo de sus sentimientos— se relacionan mejor, experimentan menos tensiones en la relación con sus padres y también se muestran más afectivos con ellos. Pero, además, estos niños también canalizan mejor sus emociones, saben calmarse más adecuadamente a sí mismos y sufren menos altibajos emocionales que los demás.
Son niños que también están biológicamente más relajados, ya que presentan una tasa menor en sangre de hormonas relacionadas con el estrés y otros indicadores fisiológicos del nivel de activación emocional (una pauta que, como ya hemos visto en el capitulo 11 , en el caso de sostenerse a lo largo de la vida, proporciona una mejor salud física). Otras de las ventajas de este tipo de progenitores son de tipo social, ya que estos niños son más populares, son más queridos por sus compañeros y sus maestros suelen considerarles como socialmente más dotados. Sus padres y profesores también suelen decir que tienen menos problemas de conducta (como, por ejemplo la rudeza o la agresividad). Finalmente, también existen beneficios cognitivos, porque estos niños son más atentos y suelen tener un mejor rendimiento escolar. A igualdad de CI, las puntuaciones en matemáticas y lenguaje al alcanzar el tercer curso de los hijos de padres que habían sido buenos preceptores emocionales, eran más elevadas (un poderoso argumento que parece confirmar la hipótesis de que el aprendizaje de las habilidades emocionales enseña también a vivir). Así pues, las ventajas de disponer de unos padres emocionalmente competentes son extraordinarias en lo que respecta a la totalidad del espectro de la inteligencia emocional.., y también más allá de él.
UNA VENTAJA EMOCIONAL
El aprendizaje de las habilidades emocionales comienza en la misma cuna. El doctor Berry Brazelton, eminente pediatra de Harvard, ha diseñado un test muy sencillo para diagnosticar la actitud básica del bebé hacia la vida. El test consiste en ofrecer dos bloques a un bebé de ocho meses de edad y mostrarle a continuación la forma de unirlos. Según Brazelton, un bebé que tiene una actitud positiva hacia la vida y que tiene confianza en sus propias capacidades, cogerá un bloque, se lo meterá en la boca, lo frotará en su cabeza y finalmente lo arrojará al suelo esperando que alguien lo recoja. Luego completará la tarea requerida, unir los dos bloques.
Después le mirará a usted con unos ojos muy abiertos y expectantes que parecen querer decir: «¡dime lo grande que soy!»
Estos bebés han conseguido de sus padres la necesaria dosis de aprobación y aliento, son niños que confían en superar los pequeños retos que les presenta la vida. En cambio, los bebés que proceden de hogares demasiado fríos, caóticos o descuidados afrontan la misma tarea con una actitud que ya anuncia su expectativa de fracaso. No es que estos bebés no sepan unir los dos bloques, porque lo cierto es que comprenden las instrucciones y tienen la suficiente coordinación como para hacerlo. Pero, según Brazelton, aun en el caso de que lo hagan, su actitud es «desgraciada», una actitud que parece decir: «yo no soy bueno. Mira, he fracasado». Es muy probable que este tipo de niños desarrolle una actitud derrotista ante la vida, sin esperar el aliento ni el interés de sus maestros, sin disfrutar de la escuela y llegando incluso a abandonarla.
Las diferencias entre ambos tipos de actitudes —la de los niños confiados y optimistas frente a la de aquéllos otros que esperan el fracaso— comienzan a formarse en los primeros años de vida. Los padres, dice Brazelton, «deben comprender que sus acciones generan la confianza, la curiosidad, el placer de aprender y el conocimiento de los límites» que ayudan a los niños a triunfar en la vida, una afirmación avalada por la evidencia creciente de que el éxito escolar depende de multitud de factores emocionales que se configuran antes incluso de que el niño inicie el proceso de escolarización. Como ya hemos visto en el capítulo 6, la capacidad de los niños de cuatro años de edad para dominar el impulso de apoderarse de una golosina predijo —catorce años más tarde— una ventajosa diferencia de 210 puntos en las puntuaciones SAT.
Durante esos tempranos años es cuando se asientan los rudimentos de la inteligencia emocional, aunque éstos sigan modelándose durante el período escolar. Y estas capacidades, como hemos visto en el capítulo 6, son el fundamento esencial de todo aprendizaje. Un informe del National Center for Clinical Infant Programs afirma que el éxito escolar no tiene tanto que ver con las acciones del niño o con el desarrollo precoz de su capacidad lectora como con factores emocionales o sociales (por ejemplo, estar seguro e interesado por uno mismo, saber qué clase de conducta se espera de él, cómo refrenar el impulso a portarse mal y expresar sus necesidades manteniendo una buena relación con sus compañeros). Según este mismo informe, la mayor parte de los alumnos que presentan un bajo rendimiento escolar carecen de uno o varios de los rudimentos esenciales de la inteligencia emocional, sin contar con la muy probable presencia de dificultades cognitivas que obstaculizan su aprendizaje, un problema que no deberíamos dejar de lado porque, en algunos estados, uno de cada cinco niños tiene que repetir el primer curso y, a medida que va rezagándose, cada vez se encuentra más desanimado, resentido y traumatizado.
El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cieno, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
El hecho de que un niño comience el primer día de guardería con estas capacidades ya aprendidas depende mucho de los cuidados que haya recibido de sus padres —y de todos aquellos que, de un modo u otro, hayan actuado a modo de preceptores— proporcionándole así una importante ventaja de partida en el desarrollo de la vida emocional.
LA ASIMILACIÓN DE LOS FUNDAMENTOS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
Supongamos que un bebé de dos meses de edad se despierta a las tres de la madrugada y empieza a llorar, Imaginemos también que viene su madre y que, durante la media hora siguiente, el bebé se alimenta felizmente en sus brazos mientras ésta le mira con afecto, mostrándole lo contenta que está de verle aun en medio de la noche. Luego el bebé, satisfecho con el amor de su madre, vuelve a dormirse.
Supongamos ahora que otro bebé, también de dos meses de edad, se despierta llorando a media noche pero que, en este caso recibe la visita de una madre tensa e irritada, una madre que acababa de conciliar difícilmente el sueño tras una pelea con su marido. En el mismo momento en que la madre le coge bruscamente y le dice «¡Cállate! ¡No puedo perder el tiempo contigo! ¡Acabemos cuanto antes!», el bebé comienza a tensarse. Luego, mientras está mamando, su madre le mira con indiferencia sin prestarle la menor atención y, a medida que recuerda la pelea que acaba de tener con su esposo, va inquietándose cada vez más. El bebé, sintiendo su tensión, se contrae y deja de mamar. « ¿Eso era todo lo que querías? —pregunta entonces su madre, arisca— Pues se acabó!» Y, con la misma brusquedad con la que le cogió, le deposita nuevamente en su cuna y se aleja de él, dejándole llorar hasta que finalmente, exhausto, termina durmiéndose.
El informe del National Center for Clinical Infant Programs nos presenta estas dos escenas como ejemplos de dos tipos de interacción que, cuando se repiten una y otra vez, terminan inculcando en el bebé sentimientos muy diferentes sobre si mismo y sobre las personas que le rodean. En el primer caso, el bebé aprende que las personas perciben sus necesidades, las tienen en cuenta e incluso pueden ayudarle a satisfacerlas, mientras que en el segundo, por el contrario, el bebé aprende que nadie cuida realmente de él, que no puede contar con los demás y que todos sus esfuerzos terminarán fracasando. Obviamente, a lo largo de su vida todos los bebés pasan por ambos tipos de situaciones, pero lo cierto es que el predominio de uno u otro varía según los casos. Es así como los padres imparten, de manera consciente o inconsciente, unas lecciones emocionales importantísimas que activan su sensación de seguridad, su sensación de eficacia y su grado de dependencia (un punto al que Erik Erikson denomina «confianza básica» o «desconfianza básica»).
Este aprendizaje emocional se inicia en los primeros momentos de la vida y prosigue a lo largo de toda la infancia. Todos los intercambios que tienen lugar entre padres e hijos acontecen en un contexto emocional y la reiteración de este tipo de mensajes a lo largo de los años acaba determinando el meollo de la actitud y de las capacidades emocionales del niño. Es muy distinto el mensaje que recibe una niña si su madre se muestra claramente interesada cuando le pide que le ayude a resolver un rompecabezas difícil que si recibe un escueto «¡No me molestes! ¡Tengo cosas más importantes que hacer!». Para mejor o para peor, este tipo de intercambios entre padres e hijos son los que terminan modelando las esperanzas emocionales del niño sobre el mundo de las relaciones en particular, y su funcionamiento en todos los dominios de la vida, en general.
Los peligros son todavía mayores para los hijos de padres manifiestamente incompetentes (inmaduros, drogadictos, deprimidos, crónicamente enojados o simplemente sin objetivos vitales y viviendo caóticamente). Es mucho menos probable que este tipo de padres cuide adecuadamente de sus hijos y establezca contacto con las necesidades emocionales de sus bebés. Según muestran los estudios realizados en este sentido, el descuido puede ser más perjudicial que el abuso. Y una investigación realizada con niños maltratados descubrió que éstos lo hacen todo peor (son los más ansiosos, despistados y apáticos —mostrándose alternativamente agresivos y desinteresados— y el porcentaje de repetición del primer curso entre ellos fue del 65%).
Durante los tres o cuatro primeros años de vida, el cerebro de los bebés crece hasta los dos tercios de su tamaño maduro y su complejidad se desarrolla a un ritmo que jamás volverá a repetirse. En este período clave, el aprendizaje, especialmente el aprendizaje emocional, tiene lugar más rápidamente que nunca. Es por ello por lo que las lesiones graves que se produzcan durante este período pueden terminar dañando los centros de aprendizaje del cerebro (y, de ese modo, afectar al intelecto). Y aunque, como luego veremos, esto puede remediarse en parte por las experiencias vitales posteriores, el impacto de este aprendizaje temprano es muy profundo. Como resume una investigación realizada a este respecto, las consecuencias de las lecciones emocionales aprendidas durante los primeros cuatro años de vida son extraordinariamente importantes:
A igualdad de otras circunstancias, un niño que no puede centrar su atención, un niño suspicaz en lugar de confiado, un niño triste o enojado en lugar de optimista, destructivo en lugar de respetuoso, un niño que se siente desbordado por la ansiedad, preocupado por fantasías aterradoras e infeliz consigo mismo, tiene muy pocas posibilidades de aprovechar las oportunidades que le ofrezca el mundo.
COMO CRIAR A UN NIÑO AGRESIVO
Los estudios a término lejano tienen mucho que enseñarnos sobre los efectos a largo plazo de unos progenitores emocionalmente inadecuados (especialmente en lo que respecta al papel que desempeñan en la crianza de niños agresivos). Uno de estos estudios, llevado a cabo en el área rural de Nueva York, realizó un seguimiento de 870 niños desde los ocho hasta los treinta años de edad.’ El estudio demostró que cuanto más agresivos son los niños —cuanto más dispuestos a entablar peleas y a recurrir a la fuerza para conseguir lo que desean—, más probable es que terminen expulsados de la escuela y que, a los treinta años de edad, tengan un largo historial de delincuencia. Y estos padres también parecen transmitir a sus hijos la misma predisposición a la violencia, ya que éstos se mostraron tan pendencieros en la escuela como lo habían sido aquéllos.
Veamos ahora la forma en que la agresividad se transmite de generación en generación. Dejando de lado las posibles tendencias heredadas, el hecho es que, cuando estos niños agresivos alcanzan la edad adulta, terminan convirtiendo la vida familiar en una escuela de violencia. Cuando eran niños sufrieron los castigos arbitrarios e implacables de sus padres, y al ser padres repitieron el mismo esquema que habían aprendido en su infancia. Y esto es igualmente aplicable tanto en el caso de que el agresivo sea el padre como en el de que lo sea la madre. Las niñas agresivas llegaron a transformarse en madres tan autoritarias y crueles como ocurría en el caso de los varones. Las madres, en este sentido, castigaban a sus hijos con especial saña, mientras que ellos se despreocupaban de sus hijos y pasaban la mayor parte del tiempo ignorándolos. Al mismo tiempo, estos padres ofrecían a sus hijos un ejemplo vívido de agresividad, un modelo que el niño llevaba consigo a la escuela y al patio de recreo y que ya no abandonaba durante el resto de su vida. Con ello no estamos diciendo que estos padres sean necesariamente malvados, ni tampoco que no deseen lo mejor para sus hijos, sino simplemente que no hacen más que repetir el mismo trato que han recibido de sus propios padres.
Según este modelo, se castiga a los niños de manera arbitraria porque, si sus padres están de mal humor, les castigan severamente pero si, por el contrario, están de buen humor, pueden escapar al castigo en medio del caos. El castigo, pues, en este caso, no parece depender tanto de lo que hace el niño como del estado de ánimo de sus padres, una pauta perfecta para desarrollar el sentimiento de inutilidad e impotencia, puesto que la amenaza puede presentarse en cualquier momento y en cualquier lugar.
Considerar la actitud de estos niños agresivos como el producto de la vida familiar tiene un cierto sentido, aunque lamentablemente no resulta nada fácil de modificar. Lo que resulta más descorazonador es lo temprano que pueden aprenderse estas lecciones y el elevado coste que comportan para la vida emocional del niño.
LA VIOLENCIA: LA EXTINCIÓN DE LA EMPATÍA
En medio del desordenado juego de la guardería, Martin, de dos años y medio de edad, empujó a una niña que entonces rompió a llorar. Martin trató de coger su mano, pero cuando la sollozante niña se negó a dársela, la golpeó en el brazo.
Luego, mientras la niña seguía sollozando, Martin apartó la mirada gritando: « ¡Deja de llorar! ¡Deja de llorar!» en un tono de voz cada vez más alto e irritado. Martin trató entonces nuevamente de golpearla pero, cuando ella le esquivó, le mostró amenazadoramente los dientes, como hacen los perros cuando gruñen. Luego Martin palmeó la espalda de la niña, pero los golpecitos se convirtieron rápidamente en puñetazos mientras la niña seguía gritando.
Esta inquietante forma de relación demuestra que los malos tratos asiduos hacia el niño en función del estado de ánimo del padre, terminan pervirtiendo su tendencia natural a la empatía. La agresiva y brutal respuesta de Martin ante el malestar de su compañera de juegos es típica de aquellos niños que, como él, han sido víctimas de la violencia desde su infancia. Esta respuesta contrasta rotundamente con las súplicas y los intentos habitualmente empáticos (de los que hemos hablado en el capitulo 7) que despliegan los niños en su intento de consolar a un compañero que está sollozando. La violenta respuesta de Martin refleja las lecciones que ha aprendido en su hogar sobre las lágrimas y el sufrimiento: el llanto suele comenzar siendo recibido con un gesto autoritariamente consolador pero, en el caso de que no cese, la progresión va en aumento y pasa por las miradas y los gritos de desaprobación hasta llegar a los puñetazos. Y tal vez lo más inquietante de todo es que, a su edad, Martin ya parecía carecer de la más elemental de las formas que asume la empatía, la tendencia a dejar de agredir a alguien que se encuentra herido, y que, a los dos años y medio de edad, ya mostraba los impulsos morales propios de un sádico cruel.
La mezquindad y la falta de empatía de Martin es típica de aquellos niños que, como él, han sido víctimas a esa tierna edad, de los malos tratos físicos y emocionales. Martin fue uno de los nueve niños de uno a tres años maltratados que fueron comparados con otros nueve niños de la guardería procedentes de hogares igualmente empobrecidos y tensos, pero que no habían sufrido malos tratos físicos. Las diferencias que mostraron ambos grupos en respuesta al daño o al malestar de otro fueron muy notables.
Cinco de los nueve niños que no fueron maltratados respondieron a veintitrés incidentes de este tipo con preocupación, tristeza o empatía, pero en los veintisiete casos en los que los niños maltratados podrían haberlo hecho así, ninguno mostró la menor preocupación y, en lugar de ello, respondieron con manifestaciones de miedo, enojo o, como ocurrió en el caso de Martin, con una agresión física directa.
Por ejemplo, una de las niñas maltratadas, hizo un gesto francamente amenazante a otra que estaba comenzando a llorar. Thomas, de un año de edad, otro de los niños maltratados, quedó paralizado por el terror en cuanto escuchó el llanto de otro niño y se sentó completamente inmóvil, con el rostro contraído por el miedo y la tensión, como si temiera que fueran a atacarle en cualquier momento. La respuesta de Kate, otra de las niñas maltratadas de veintiocho meses de edad, fue casi sádica: comenzó a meterse con Joey, un niño más pequeño, le derribó a patadas y, cuando éste se encontraba tumbado y mirándola tiernamente, comenzó a darle palmaditas en la espalda que fueron transformándose en golpes más y más fuertes sin tener en cuenta sus protestas. Luego le dio seis o siete puñetazos más hasta que éste, arrastrándose, logró alejarse.
Estos niños, obviamente, tratan a los demás tal y como ellos mismos han sido tratados. Y la crueldad de los niños maltratados es simplemente una versión extrema de lo que hemos entrevisto en los hijos de padres críticos, amenazantes y violentos (niños que también suelen permanecer indiferentes cuando un compañero llora o se encuentra herido), de modo que se diría que los niños maltratados representan el punto culminante de un continuo de crueldad. Como grupo, estos niños suelen presentar problemas cognitivos en el aprendizaje, ser agresivos e impopulares entre sus compañeros (poco debe sorprendernos, pues, que la dureza con la que la familia trata al niño antes de que éste ingrese en el mundo escolar sea un predictor adecuado de cuál será su futuro), más proclives a la depresión y, cuando adultos, más proclives a tener problemas con la ley y a cometer más delitos violentos. A veces—por no decir casi siempre— esta falta de empatía se transmite de generación en generación, de modo tal que los hijos que fueron maltratados en su infancia por sus propios padres terminan convirtiéndose en padres que maltratan a sus hijos. Esto contrasta drásticamente con la empatía que suelen presentar los hijos de aquellos padres que han sido nutricios, padres que han alentado la preocupación de sus hijos por los demás y que les han hecho comprender lo mal que se puede encontrar otro niño. Y si los niños no reciben este tipo de adiestramiento de la empatía en el seno de la familia, parece que no pueden aprenderlo de otro modo.
Lo que tal vez resulte más inquietante en este sentido es lo pronto que los niños maltratados parecen aprender a comportarse como si fueran versiones en miniatura de su propios padres.
Pero esto no debería sorprendemos si tenemos en cuenta que estos niños recibieron una dosis diaria de esta amarga medicina.
Recordemos que es precisamente en los momentos en que las pasiones se disparan o en medio de una crisis cuando las tendencias mas primitivas de los centros del cerebro límbico desempeñan un papel más preponderante. En tales momentos, los hábitos que haya aprendido el cerebro emocional serán, para mejor o para peor, los que predominarán.
Si nos damos cuenta de la forma en que la crueldad —o el amor— modela el funcionamiento mismo del cerebro, comprenderemos que la infancia constituye una ocasión que no debiéramos desaprovechar para impartir las lecciones emocionales fundamentales. Los niños maltratados han tenido que recibir una lección constante y muy temprana de traumas. Tal vez debiéramos admitir ya que este tipo de traumas constituye un terrible aprendizaje emocional que deja una impronta muy profunda en el cerebro de los niños maltratados, y buscar la forma más adecuada de resolver este problema.
Texto:
La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
Este aprendizaje emocional no sólo opera a través de lo que los padres dicen y hacen directamente a sus hijos, sino que también se manifiesta en los modelos que les ofrecen para manejar sus propios sentimientos y en todo lo que ocurre entre marido y mujer. En este sentido, hay padres que son auténticos maestros mientras que otros, por el contrario, son verdaderos desastres.
Comentario:
Es realmente cierto esto, es en nuestra familia donde se cimienta nuestra forma de ser, es bueno estar aprendiendo todo esto porque de esta manera puedo ponerlo en práctica con mi familia e ir abriendo nuevos horizontes en el aprendizaje emocional y muchas mejores oportunidades para mis sobrinos.
Aunque algunas de las habilidades emocionales terminen de establecerse en las relaciones con los amigos, los padres emocionalmente diestros pueden hacer mucho para que sus hijos asimilen los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás.
COMENTARIO: Todo el tema realmente se me hizo importante, ver como los padres somos la base para enseñar a nuestros hijos a que puedan manejar sus emociones y ser la guía para ellos me recuerda la gran responsabilidad que tengo con mis hijos de ser un ejemplo bueno para ellos.
Tambien me doy cuenta de los errores que he cometido al no ser empática en sus sentimientos cuando les preocupa algo.
Gracias por ayudarme a darme cuenta por medio de esta lectura.
Dios los bendice.
Texto:
Durante los tres o cuatro primeros años de vida, el cerebro de los bebés crece hasta los dos tercios de su tamaño maduro y su complejidad se desarrolla a un ritmo que jamás volverá a repetirse. En este período clave, el aprendizaje, especialmente el aprendizaje emocional, tiene lugar más rápidamente que nunca. Es por ello por lo que las lesiones graves que se produzcan durante este período pueden terminar dañando los centros de aprendizaje del cerebro (y, de ese modo, afectar al intelecto). Y aunque, como luego veremos, esto puede remediarse en parte por las experiencias vitales posteriores, el impacto de este aprendizaje temprano es muy profundo. Como resume una investigación realizada a este respecto, las consecuencias de las lecciones emocionales aprendidas durante los primeros cuatro años de vida son extraordinariamente importantes:
Comentario:
Es doloroso pensar que una cantidad inmensa de niños están siendo perjudicados severamente de manera emocional en este momento, y que este daño va a repercutir gravemente en su vida. Pensar que esos pequeños pueden tener un panorama gris en su futuro, en el futuro de sus relaciones, personales, laborales, sentimentales y con su misma persona.
Pero es esperanzador saber que desde el punto de vista del reino de los cielos estas heridas pueden ser sanadas, esta esperanza la enfoco en la gran cantidad de personas que están dañadas en este momento, las personas que actualmente viven una vida desalentadora y gris, las personas que llegan a los entrenamientos sumamente dañadas. Es alentador saber que a través de ese proceso tienen una gran posibilidad de sanar sus heridas, y de dejar definitivamente en su allá y entonces su traumas y vivir plenamente su aquí y ahora.
1. “La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentirnos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores”.
COMENTARIO: La vida familiar es el primer encuentro de relaciòn del niño, practicamente sus padres, donde son los mismos padres los que afectan al niño en su cnstrucciòn mental y fisica. Esto lo comparto porque lo que es para uno no lo es para otro. A un niño lo podemos hacer valinte, inteligente, educado, responsable, pero en su contrucciòn para nosotros todo lo que aportamos es lo mejor, mas no es así.
2. “Si nos damos cuenta de la forma en que la crueldad —o el amor— modela el funcionamiento mismo del cerebro, comprenderemos que la infancia constituye una ocasión que no debiéramos desaprovechar para impartir las lecciones emocionales fundamentales. Los niños maltratados han tenido que recibir una lección constante y muy temprana de traumas. Tal vez debiéramos admitir ya que este tipo de traumas constituye un terrible aprendizaje emocional que deja una impronta muy profunda en el cerebro de los niños maltratados, y buscar la forma más adecuada de resolver este problema”.
COMENTARIO: Que terrible es deformar la mentalidad emocional de un niño, que rompiendo con su inocencia, su infancia, su sonrisa, por maltratos fisicos, psicologicos que sin duda alguna dan muerte al alma de estos pequeños, mandandoles a la guerra. Asta cuando dejaremos que sigan estas bararidades.
Texto:
Los padres, «deben comprender que sus acciones generan la confianza, la curiosidad, el placer de aprender y el conocimiento de los límites» que ayudan a los niños a triunfar en la vida, una afirmación avalada por la evidencia creciente de que el éxito escolar depende de multitud de factores emocionales que se configuran antes incluso de que el niño inicie el proceso de escolarización.
COMENTARIO:
Por naturaleza, los niños son inquietos, pero el que un niño sea bien portado, inteligente y sociable depende del apoyo y la educación que le hayan dado sus padres, así como también de los correctivos que le hayan aplicado en su vida. Al final, el niño mostrará los resultados de una buena o deficiente educación dada por sus padres.
BUEN DIA GUERREROS!!!
Les comparto mi lectura.
TEXTO.
Este aprendizaje emocional se inicia en los primeros momentos de la vida y prosigue a lo largo de toda la infancia. Todos los intercambios que tienen lugar entre padres e hijos acontecen en un contexto emocional y la reiteración de este tipo de mensajes a lo largo de los años acaba determinando el meollo de la actitud y de las capacidades emocionales del niño.
COMENTARIO.
Pienso que el ejemplo anterior referente al niño que lo alimenta la mamá, es sumamente rebelador en cuanto a como soy, si bien dicen ” los niños son unas esponjitas” pues todo aprenden, tanto padres como el entorno al niño comparten la responsabilidad de educarlo con el simple hecho de pensar positivamente y actuar en consecuencia, ya que esto lo aprende el niño aún cuando las personas sean o no concientes de ello.
SALUDOS.
1,2,3 por mi y por todos mi amigos!!!
Dios los bendice.
La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
Esto es una realidad nuestra casa es nuestra primera escuela. Es allí donde nos desenvolvemos o muy bien o mas o menos o de plano bien mal.
Creo que nuestra casa es una parte esencial para nuestro empuje, pero también cuando vamos creciendo y somos responsable de nuestros actos, de nosotros depende cambiar o no. Creo que si tuviste una vida muy dichosa de niño, pues puedes mejorar pero creo que se tiene asegurado mucho éxito en todas las área de la vida, pero si por el contrario hubo mucha represión, pues tenemos la decisión de ir hacia una vida más plena o quedarnos en donde estamos. Yo decido seguir una vida más plena.
1,2,3, Por mí y por todos mis amigos,,,,,,,,,,
Texto: La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
Comentario: Que importante es que toda esta enseñanza pudiera llegar a todos los hogares porque
la gran mayoria de los padres no sabemos como tampoco supieron nuestros padres el daño tan grande que nos causaban al no dejar fluir nuestras emociones, y cuando las dejabamos fluir no se nos
tomaba en cuenta.
Este daño ya esta hecho pero con todas estos libros
tan completos podremos si Dios nos lo permite remediar en parte los errores que cometimos y parar
toda esta infamia que a pasado de generacion en generacion y que nestros hijos se conviertan en esos
pades comprensivos que ayudan a sus hijos.
Texto: El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cieno, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
Comentario: Que gran verdad el rendimiento escolar de nuestros hijos depende del mas elemental de los
conocimientos, “aprender a aprender”. Por eso pasan los años y su resago escolar les va dando la idea de que no necesitan aprender porque no saben aprender. Estos siete ingredientes claves de la inteligencia emocional, son los que debemos saber y tenerlos siempre presentes para ayudar a nuestros hijos.
Dios los bendiga
* TEXTO:
La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
* COMENTARIO:
Definitivamente el seno familiar es la primer escuela de del ser humano, ya que observando el comportamiento que como padres tenemos ante la vida y las diferentes situaciones, es como mis hijos van a aprender las pautas de comportamiento que se irán reforzando a medida que crece y que convive con la familia.
Los hijos tienden a imitar el comportamiento de sus padres, y es por eso que esta realidad me exige a mi como madre y tutora, esforzarme cada día en saber encauzar mis emociones de una manera inteligente y responsable .
Dentro de la familia es donde se forjan no solo las raíces de los seres humanos , sino también de los verdaderos cristianos , por eso que es de gran relevancia que como padres y maestros de nuestros hijos, me esfuerce en compañía de mi esposo para lograr un ambiente adecuado para ellos, en donde puedan encontrar las herramientas necesarias para defenderse y enfrentar el mundo de allá afuera, en donde se encuentra una sociedad viciada, contaminada y carente de valores.
La vida en familia es nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional; en esta caldera aprendemos como sentirnos con respecto a nosotros mismos y como los demás reaccionarán a nuestros sentimientos; a pensar sobre estos sentimientos y qué alternativas tenemos; a interpretar y expresar esperanzas y temores.
COMENTARIO: Me doy cuenta de la importancia que tiene el educar a mis hijos en la inteligencia emocional, de como lo que nosotros les enseñamos de pequeños, la manera en como los tratamos, repercute en el éxito que de grandes tendrán, nunca me había puesto a pensar en eso yo pensaba que para que mis hijos fueran exitosos profesionalmente bastaba solo con su inteligencia intelectual, con un buen aprovechamiento académico hoy me doy cuenta de que no es así, de que en la medida en que ellos desarrollen su inteligencia emocional podrán ser mejores personas y vivir una vida plena, que es lo que yo quiero para ellos, y pues enseñarlos a desarrollarla depende de nosotros como padres.
En la medida en que un niño asimila las lecciones emocionales concretas que está en condiciones de aprender —y, por cierto, que también necesita—sufre una transformación.
Comentario: Es muy importante que yo como madre, leccione a mis hijos sobre el conocimiento de sus emociones, que las reconozcan y que las dirijan, y aprendan a empatizar con los demás.
Todos los intercambios que tienen lugar entre padres e hijos acontecen en un contexto emocional y la reiteración de este tipo de mensajes a lo largo de los años acaba determinando el meollo de la actitud y de las capacidades emocionales del niño.
Comentario: Es muy importante el manejo de mis emociones, porque mis hijos lo ven y lo aprenden y a lo largo de su vida van a marcar también su forma de expresar y manejar sus capacidades emocionales.
A veces—por no decir casi siempre— esta falta de empatía se transmite de generación en generación, de modo tal que los hijos que fueron maltratados en su infancia por sus propios padres terminan convirtiéndose en padres que maltratan a sus hijos. Esto contrasta drásticamente con la empatía que suelen presentar los hijos de aquellos padres que han sido nutricios, padres que han alentado la preocupación de sus hijos por los demás y que les han hecho comprender lo mal que se puede encontrar otro niño. Y si los niños no reciben este tipo de adiestramiento de la empatía en el seno de la familia, parece que no pueden aprenderlo de otro modo.
Comentario: Me doy cuenta que la empatía se aprende desde el hogar, si enseño a mis hijos a conectarse con los demás, a ser empáticos con su prójimo van a tener una vida muy distinta a los niños que son maltratados.
hola que tal a todos, les comparto que en este capitulo me sorprendia ver la importancia de losprimeros años en el desarrollo de nuestra inteligencia emociona, así como la importancia que esta tiene esta inteligencia en el posible exito futuro del cada quien, es dicir a mayor abilidad emocional a temprana edad mayor es la posibilidad de las personas de superarse intelectual y socialmente.
un factor definitivo en la aducación emocional de un niño son sus padres, unos padres emocionalmente abiles serán para el niño guias eficientes en su desarrollo, pero unos padres emocionalmente ineptos lastimarán irremediablemente al niño y estos daños limitarán y condicionarán muchos aspectos de la vida futura del individuo.
Aunque los primeros años son muy importantes en el desarrollo de nuestra abilidad emicional nunca es tarde para empezar a formarce, de hecho lo mejor de superar nuestro nivel en el manejo conciente de nuestras emociones es que podremos trasmitir estos conocimientos a nuestros hijos y estos a los suyos, de tal forma que podamos romper cadenas generacioneles de incapacidad emicional.
Un padre violento y poco o nada empatico, irremediablemente transmitira esta ineptitud emocional a sus hijos y estos serán tambien violentos e insencibles al sufrimiento de quienes les rodean.
saludos.
Hola buen día:
Me parece muy interesante este capítulo todo en general, considero de gran importancia leerlo y volverlo a leer constantemente.
texto. La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional;
Comentario
Que importante es este punto: desde muy pequeños mis niños expresaban emociones que a veces a mi me parecían raras e incomprensibles para su edad pero hoy me doy cuenta que solo expresaban lo que yo les transmitía.
texto. los padres emocionalmente diestros pueden hacer mucho para que sus hijos asimilen los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás.
Comentario.
Considero que este es un punto en el que yo como mamá debo de estar trabajando en estar observandome y ver que estoy proyectando a mi hijo, pues considero que es donde debo empezar, para que de esta menra mis hijos puedan expresar realmente lo que sienten.
texto. Los padres, «deben comprender que sus acciones generan la confianza, la curiosidad, el placer de aprender y el conocimiento de los límites»
Comentario .
Me he dado cuenta que cuando más confianza le demuestro a mis hijos respecto a alguna situación, o algun trabajo de la escuela ellos rápidamente actuan en consecuencia, me doy cuenta que muchas cosas de las que a mí me gustan ellos lo hacen y también manifiestan placer, sin darme cuenta les he trásmitido curiosidad en algunas cosas.
texto. Lo que resulta más descorazonador es lo temprano que pueden aprenderse estas lecciones y el elevado coste que comportan para la vida emocional del niño.
Comentario.
Efectivamente es muy triste yo he vivido esta experiencia con un sobrino a pesar de que sus papas no vivieron con él, expresa tanto odio, coraje, ira y es capaz de pasar de estár en un estado de ánimo positivo a violentarse tanto que hasta miedo me da, pues considero que para el pasar de estos estados de ánimo le son normales pues nunca tuvo a sus papas cerca de él.
texto. Los niños maltratados han tenido que recibir una lección constante y muy temprana de traumas.
Comentario.
Creo que estos niños maltratados de algúna manera han encontrado que deben refugiarse en ellos mismos, que con lo único que cuentan es con ellos, me da tanta tristeza ver como cuando tienen un problema no saben como compartirlo, de hecho le dan mil vueltas, y caen en la misma expresión ¡nadie me puede ayudar! No confían en los adultos, creo que porque de alguna manera represento a su mamá o papá.
TEXTO: “La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentirnos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos.”
COMENTARIO.
Debido a que dependemos al nacer de nuestros padres y durante varios meses convivimos con ellos casi exclusivamente, nos resulta facil imitar su conducta, de ahi que todo lo que se hagan o digan nuestros padres para nosotros es lo unico que asimilaremos y lo tomaremos como verdadero; por lo que es muy importante como padres imprimir en nuestros hijos lo que es verdadero y como seguir el camino que es dificil más no imposible, así como tener cuidado de discusiones o peleas enfrente de ellos, tambien debemos dejar que ellos desarrollen las habilidades que tienen y no hacerles las tareas o actividades propias de niños, ahora si hay que predicar con el ejemplo. Por parte de nosotros los padres debemos dejar de lado el autoritarismo, la impaciencia, la falta de comprensión y a la vez indiferencia de las emociones de nuestros hijos.
Por eso como menciona el autor debemos tambien aprender a reconocer, canalizar y dominar nuestros propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en nuestras relaciones con los demás ese es el mejor ejemplo a seguir por nuestros hijos.
TEXTO: “El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cieno, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
El hecho de que un niño comience el primer día de guardería con estas capacidades ya aprendidas depende mucho de los cuidados que haya recibido de sus padres —y de todos aquellos que, de un modo u otro, hayan actuado a modo de preceptores— proporcionándole así una importante ventaja de partida en el desarrollo de la vida emocional.
COMENTARIO.
Creo que como padres debemos de estar trabajando en conjunto con nuestros hijos para que desarrollen estas capacidades que les servirá en su vida personal y comunitaria, ya que estaran ejercitandose en la inteligencia emocional.
TEXTO: “Considerar la actitud de estos niños agresivos como el producto de la vida familiar tiene un cierto sentido, aunque lamentablemente no resulta nada fácil de modificar. Lo que resulta más descorazonador es lo temprano que pueden aprenderse estas lecciones y el elevado coste que comportan para la vida emocional del niño.”
COMENTARIO.
Creo que el revertir la actitud agresiva de un hijo, aunque dificil no es imposible, esto lo lograremos primero si empezamos nosotros a erradicar de nosotros esa actitud o actitudes que provocaron la agresividad de nuestros hijos y luego trabajar en que ejerza la empatía de una manera efectiva para con los demás. Pero definitivamente lo mejor es cortar lo malo desde la raiz y es de atender a nuestros hijos con amor e inculcarles desde su nacimento las emociones positivas y enseñarles a sacar provecho de las emociones negativas.
“Durante esos tempranos años es cuando se asientan los rudimentos de la inteligencia emocional, aunque éstos sigan modelándose durante el período escolar. Y estas capacidades, como hemos visto en el capítulo 6, son el fundamento esencial de todo aprendizaje. Un informe del National Center for Clinical Infant Programs afirma que el éxito escolar no tiene tanto que ver con las acciones del niño o con el desarrollo precoz de su capacidad lectora como con factores emocionales o sociales (por ejemplo, estar seguro e interesado por uno mismo, saber qué clase de conducta se espera de él, cómo refrenar el impulso a portarse mal y expresar sus necesidades manteniendo una buena relación con sus compañeros). Según este mismo informe, la mayor parte de los alumnos que presentan un bajo rendimiento escolar carecen de uno o varios de los rudimentos esenciales de la inteligencia emocional, sin contar con la muy probable presencia de dificultades cognitivas que obstaculizan su aprendizaje, un problema que no deberíamos dejar de lado porque, en algunos estados, uno de cada cinco niños tiene que repetir el primer curso y, a medida que va rezagándose, cada vez se encuentra más desanimado, resentido y traumatizado.
Es muy interesante saber como desde la infancia las emociones han jugado un papel deteriminante, en nuestra inteligencia emocional, las herramientas que debimos parender se pueden ver afectadas por un deficiente ambiente.
Es por eso que la actitud con la que vemos a nuestros hijos debe ser mediatada y ensayada antes de ponerla en práctica.
Debe ser compromiso que quien tenga hijos, debemos cuidar lo que hacemos o decimos .
“Durante los tres o cuatro primeros años de vida, el cerebro de los bebés crece hasta los dos tercios de su tamaño maduro y su complejidad se desarrolla a un ritmo que jamás volverá a repetirse. En este período clave, el aprendizaje, especialmente el aprendizaje emocional, tiene lugar más rápidamente que nunca. Es por ello por lo que las lesiones graves que se produzcan durante este período pueden terminar dañando los centros de aprendizaje del cerebro (y, de ese modo, afectar al intelecto). ”
Este texto llama mi atención, puesto que desconocía hasta que grado se da la formación del cerebro y sobre todo si es en los primeros años, solía escuchar comentarios mas o menos parecidos pero no tenía las suficientes herramientas para encausar todo esto con mis hijos, solo espero poder ayudarlos en adelante en la formación de sus emociones.
“La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores
los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás.
Recordemos que es precisamente en los momentos en que las pasiones se disparan o en medio de una crisis cuando las tendencias mas primitivas de los centros del cerebro límbico desempeñan un papel más preponderante. En tales momentos, los hábitos que haya aprendido el cerebro emocional serán, para mejor o para peor, los que predominarán.”
EL TEXTO ME DA LA PUATA DE COMO UN TRAUMA EMOCIONAL SE TRANSFIERE DE GENERACION EN GENRACION DE PADRES A HIJOS, SIENDO ESTO MAS A PROFUNDIDAD EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA, COMO LAS REACCIONES DE LOS PADRES A SUS EMOSIONES LAS REFLEJA EL HIJO EN SUS ACTOS AL AFRONTAR SITUACIONES SIMILARES, LO APRENDIDO POR LOS HIJOS EN INMADURES EMOSIONAL Y REACCIONES NADA CONTROLADAS, SON LA PAUTA PARA SU DESEMPEÑO EN EL MUNDO, ASI COMO ESTO AFECTA A ELLOS EN SUS RELACIONES SOCIALES Y SU DESEMPEÑO ACADEMICO EN MUCHOS CASOS, COMO ESTO LES RESTA POSIBILIDADES DE TENER UNA VIDA CON NIVEL SUPERIOR.
DEBO IDENTIFICAR QUE ACTITUDES O ACCIONES ME FUERON INCULCADAS DE MI INFANCIA Y EN QUE ASPECTOS ESTAS LAS MANEJO BIEN O MAL EN MI VIDA ACTUAL Y QUE ESTOY PROVAOCANDO EN MI Y MI COMUNIDAD.
Si tenemos en cuenta que una de las lecciones emocionales fundamentales es la de aprender a diferenciar entre los sentimientos, no nos resultará difícil entender que un padre que se halle completamente desconectado de su propia tristeza mal podrá ayudar a su hijo a comprender la diferencia que existe entre el desconsuelo que acompaña a una pérdida, la pena que nos produce una película triste y el sufrimiento que nos embarga cuando algo malo le ocurre a una persona cercana. Más allá de esta distinción hay otras comprensiones más sutiles como, por ejemplo, la de que el enfado suele ser una respuesta que surge de algún sentimiento herido.
CREO QUE PRIMERO DEEMOS ESTAR BIEN EMOCIONALMENTE PARA PODER EN TODO CASO APOYAR O CONSOLAR A ALGUIEN
Si nos damos cuenta de la forma en que la crueldad —o el amor— modela el funcionamiento mismo del cerebro, comprenderemos que la infancia constituye una ocasión que no debiéramos desaprovechar para impartir las lecciones emocionales fundamentales. Los niños maltratados han tenido que recibir una lección constante y muy temprana de traumas. Tal vez debiéramos admitir ya que este tipo de traumas constituye un terrible aprendizaje emocional que deja una impronta muy profunda en el cerebro de los niños maltratados, y buscar la forma más adecuada de resolver este problema.
AUN NO SOY MADRE, PERO CREO QUE ESTO ME ES MUY UTIL YA QUE SOY TIA DE 7 MENORES A LOS QUE ME GUSTARIA AYUDAR EN SU CRIANZA.
DIOS LOS BENDICE A TODOS
BYE BYE
Podría señalar muchísimos episodios que me llamaron la atención, pero en resumen diré que lo que aquí se expresa es que si se educa a un niño (desde su más tierna infancia) en una adecuada inteligencia emocional, él podrá desenvolverse mejor y ser pleno como persona.
Recuerdo que cuando era soltera, tenía mis sobrinos muy pequeños y solía tratarlos con dulzura y paciencia y ellos disfrutaban realmente de mi compañía y me hacían caso. Ahora que tengo a mi hijo, la mayor parte del tiempo estoy tensa pues siento sobre mis hombros la responsabilidad de educarlo y a veces le trasmito a mi hijo esa tensión y ese mal humor: ¡Que gran lección veo en este capítulo! Debo aprender a disfrutar de la educación y formación que le doy a mi hijo–siendo estricta, sí– pero al mismo tiempo enseñándole a disfrutar de las características de su forma de ser, como su alegría, desinhibición, perseverancia e iniciativa.
Los dos últimos apartados “Como criar a un niño agresivo” y “La violencia: la extinción de la empatía” ilustran COMO NO SER CON UN NIÑO, la manera en que SI DEBO DE SER CON UN NIÑO la puedo descubrir directamente en la empatía que sienta por él, un hogar con reglas y cumplimiento de la palabra y en la buena relación que lleve yo con su padre.
Dios los bendice.
ESTE SI ES EL MIO CHARLY:
El estudio demostró que los tres estilos de parentaje emocionalmente más inadecuados eran los siguientes:
•Ignorar completamente los sentimientos de sus hijos. Este tipo de padres considera que los problemas emocionales de sus hijos son algo trivial o molesto, algo que no merece la atención y que hay que esperar a que pase. Son padres que desaprovechan la oportunidad que proporcionan las dificultades emocionales para aproximarse a sus hijos y que ignoran también la forma de enseñarles las lecciones fundamentales que pueden aumentar su competencia emocional.
•El estilo laissez-faire. Estos padres se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero son de la opinión de que cualquier forma de manejar los problemas emocionales es adecuada, incluyendo, por ejemplo, pegarles. Por esto, al igual que ocurre con quienes ignoran los sentimientos de sus hijos, estos padres rara vez intervienen para brindarles una respuesta emocional alternativa. Todos sus intentos se reducen a que su hijo deje de estar triste o enfadado, recurriendo para ello incluso al engaño y al soborno.
•Menospreciar y no respetar los sentimientos del niño. Este tipo de padres suelen ser muy desaprobadores y muy duros, tanto en sus críticas como en sus castigos. En este sentido pueden, por ejemplo, llegar a prohibir cualquier manifestación de enojo por parte del niño y ser sumamente severos ante el menor signo de irritabilidad. Éstos son los padres que gritan «¡no me contestes!» al niño que está tratando de explicar su versión de la historia.
MI COMENTARIO ES:
EN VERDAD ESTOS TRES ESTILOS DE PATERNIDAD SON MUY IMPORTANTES EMOCIONALMENTE POR QUE DE AQUI SE DESPRENDE EN COMO VA A SER EL NIÑO EN SU ADOLESENCIA O EN SU ADULTEZ YA QUE SI TOMAN UNO DE ESTOS ESTILOS HAY QUE TOMAR EL MEJOR Y HAY MUCHOS QUE TOMAN EL QUE SUS PADRES LE IMPUSIERON A EL.
DIOS LOS BENDICE
perdon el que viene abajo de este comentario no es el de mirna es el mio pero me equivoque y no cambie el nombre.
“El estudio demostró que los tres estilos de parentaje emocionalmente más inadecuados eran los siguientes:
•Ignorar completamente los sentimientos de sus hijos. Este tipo de padres considera que los problemas emocionales de sus hijos son algo trivial o molesto, algo que no merece la atención y que hay que esperar a que pase. Son padres que desaprovechan la oportunidad que proporcionan las dificultades emocionales para aproximarse a sus hijos y que ignoran también la forma de enseñarles las lecciones fundamentales que pueden aumentar su competencia emocional.
•El estilo laissez-faire. Estos padres se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero son de la opinión de que cualquier forma de manejar los problemas emocionales es adecuada, incluyendo, por ejemplo, pegarles. Por esto, al igual que ocurre con quienes ignoran los sentimientos de sus hijos, estos padres rara vez intervienen para brindarles una respuesta emocional alternativa. Todos sus intentos se reducen a que su hijo deje de estar triste o enfadado, recurriendo para ello incluso al engaño y al soborno.
•Menospreciar y no respetar los sentimientos del niño. Este tipo de padres suelen ser muy desaprobadores y muy duros, tanto en sus críticas como en sus castigos. En este sentido pueden, por ejemplo, llegar a prohibir cualquier manifestación de enojo por parte del niño y ser sumamente severos ante el menor signo de irritabilidad. Éstos son los padres que gritan «¡no me contestes!» al niño que está tratando de explicar su versión de la historia.”
MI COMENTARIO ES:
EN VERDAD ESTOS TRES ESTILOS DE PATERNIDAD SON MUY IMPORTANTES EMOCIONALMENTE POR QUE DE AQUI SE DESPRENDE EN COMO VA A SER EL NIÑO EN SU ADOLESENCIA O EN SU ADULTEZ YA QUE SI TOMAN UNO DE ESTOS ESTILOS HAY QUE TOMAR EL MEJOR Y HAY MUCHOS QUE TOMAN EL QUE SUS PADRES LE IMPUSIERON A EL.
DIOS LOS BENDICE
“El primer bebé está aprendiendo que puede confiar en que las personas repararán en sus necesidades, que él puede contar con su ayuda y que puede conseguirla con eficacia; el segundo está descubriendo que no le importa realmente a nadie, que con la gente no puede contar y que sus esfuerzos por encontrar consuelo serán infructuosos. Por supuesto, la mayoría de los bebés tienen al menos una demostración de ambas clases de interacción. Pero a medida que una u otra es típica de como los padres tratan al niño a lo largo de los años, se inculcarán lecciones emocionales básicas a cerca de lo seguro que el niño está en el mundo, de lo eficaz que se siente y de como depende de los demás. Erik Erikson lo expresa en función de si el niño llega a sentir una “confianza básica” o una “desconfianza básica”.
Esto me llama la atención pues tengo 3 hijos y es una gran responsabilidad. ¿Difícil? tal vez , pues requiere esfuerzo, tiempo ( algo que en la actualidad los padres nos cuesta dar) y mucho amor, que no implica dejar que hagan lo que se le ´pegue´ la gana, hay que corregirlos contínuamente pensando en que los estás educando para lo que se les presentará el día de mañana.
Yo tengo una mamá muy cariñosa, y así lo fué desde que eramos niños, pero también muy estricta que no se tocaba el corazón cuando de corregir se trataba, y nos propinaba una “buena nalgada” si era necesario. Pero también nos abrazaba y besaba muchísimo, aún hoy lo hace y también aún hoy nos llama la tención si ella lo concidera necesario.
Mi esposo y yo nos tomamos en serio la educación de nuestros hijos, hemos cometido algunos errores, pero siempre tratamos de que vean un buen ejemplo en nosotros. A parte de que los abrazamos mucho, los besamos mucho, les inculcamos amor por sus hermanos, pero también si es necesario una corrección, se las damos ahora que aún es tiempo.
Este capítulo me ha gustado mucho pues estoy aprendiendo más sobre como tratar mis hijos, me doy cuenta de algunos de mis errores y también de algunos aciertos y lo que estoy aprendiendo ya lo estoy poniendo en práctica; me gustaría que mis hijos crecieran sintiendo una “confianza básica” quiero que mis hijos sean felices, disfruten esta vida y se preparen para la vida eterna…
Saludos…
Hola queridos hermanos a mi me a gustado este libro y ahora en este capitulo grandes aspectos de la primea etapa de nuestra vida pero sobre todo de como poder ayudar mas a nuestros hijos.
Se me quedo muy en la memora este parrafo que les conparto:
Durante los tres o cuatro primeros años de vida, el cerebro de los bebés crece hasta los dos tercios de su tamaño maduro y su complejidad se desarrolla a un ritmo que jamás volverá a repetirse. En este período clave, el aprendizaje, especialmente el aprendizaje emocional, tiene lugar más rápidamente que nunca. Es por ello por lo que las lesiones graves que se produzcan durante este período pueden terminar dañando los centros de aprendizaje del cerebro (y, de ese modo, afectar al intelecto). Y aunque, como luego veremos, esto puede remediarse en parte por las experiencias vitales posteriores, el impacto de este aprendizaje temprano es muy profundo. Como resume una investigación realizada a este respecto, las consecuencias de las lecciones emocionales aprendidas durante los primeros cuatro años de vida son extraordinariamente importantes:
Como en esta etapa de 0 a 4 años es vital para la vida de la persona…que tengas un bonito Dia.Dios te bendice….lo demas depende de ti.
Hola, Hola a todos me parece estos puntos formidables desde el punto de vista psicológico y también como posible padre en posterior creo que este punto es fundamental para el crecimiento en familia y entender los primeros años del bebe
. La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
Este aprendizaje emocional no sólo opera a través de lo que los padres dicen y hacen directamente a sus hijos, sino que también se manifiesta en los modelos que les ofrecen para manejar sus propios sentimientos y en todo lo que ocurre entre marido y mujer. En este sentido, hay padres que son auténticos maestros mientras que otros, por el contrario, son verdaderos desastres.
El estudio demostró que los tres estilos de parentaje emocionalmente más inadecuados eran los siguientes:
•Ignorar completamente los sentimientos de sus hijos.
•El estilo laissez-faire. Estos padres se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero son de la opinión de que cualquier forma de manejar los problemas emocionales es adecuada, incluyendo, por ejemplo, pegarles.
•Menospreciar y no respetar los sentimientos del niño.
Pero, finalmente, también hay padres que aprovechan los problemas emocionales de sus hijos como una oportunidad para desempeñar la función de preceptores o mentores emocionales.
para que los padres puedan ser preceptores adecuados, deben tener una mínima comprensión de los rudimentos de la inteligencia emocional. Si tenemos en cuenta que una de las lecciones emocionales fundamentales es la de aprender a diferenciar entre los sentimientos
Aunque algunas de las habilidades emocionales terminen de establecerse en las relaciones con los amigos, los padres emocionalmente diestros pueden hacer mucho para que sus hijos asimilen los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás.
UNA VENTAJA EMOCIONAL
Las diferencias entre ambos tipos de actitudes —la de los niños confiados y optimistas frente a la de aquéllos otros que esperan el fracaso— comienzan a formarse en los primeros años de vida. Los padres, dice Brazelton, «deben comprender que sus acciones generan la confianza, la curiosidad, el placer de aprender y el conocimiento de los límites» que ayudan a los niños a triunfar en la vida, una afirmación avalada por la evidencia creciente de que el éxito escolar depende de multitud de factores emocionales que se configuran antes incluso de que el niño inicie el proceso de escolarización.
El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cieno, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
El hecho de que un niño comience el primer día de guardería con estas capacidades ya aprendidas depende mucho de los cuidados que haya recibido de sus padres —y de todos aquellos que, de un modo u otro, hayan actuado a modo de preceptores— proporcionándole así una importante ventaja de partida en el desarrollo de la vida emocional.
Nos vemos mañana no se desanimen …Dios los bendice.
El impacto en los hijos de los progenitores emocionalmente competentes es ciertamente extraordinario. El equipo de la Universidad de Washington que antes mencionamos descubrió que los hijos de padres emocionalmente diestros —comparados con los hijos de aquéllos otros que tienen un pobre manejo de sus sentimientos— se relacionan mejor, experimentan menos tensiones en la relación con sus padres y también se muestran más afectivos con ellos. Pero, además, estos niños también canalizan mejor sus emociones, saben calmarse más adecuadamente a sí mismos y sufren menos altibajos emocionales que los demás.
Son niños que también están biológicamente más relajados, ya que presentan una tasa menor en sangre de hormonas relacionadas con el estrés y otros indicadores fisiológicos del nivel de activación emocional (una pauta que, como ya hemos visto en el capitulo 11 , en el caso de sostenerse a lo largo de la vida, proporciona una mejor salud física). Otras de las ventajas de este tipo de progenitores son de tipo social, ya que estos niños son más populares, son más queridos por sus compañeros y sus maestros suelen considerarles como socialmente más dotados. Sus padres y profesores también suelen decir que tienen menos problemas de conducta (como, por ejemplo la rudeza o la agresividad).
Mi comentario: En realidad me doy cuenta que deje de hacer muchas cosas en las cuales se ven reflejadas en el comportamiento de mis hijos y asumo copmpletamente la responsabilidad, pero tambien me alegro enormemente por que hoy por hoy en el aqui y el ahora me doy cuenta que gracias a la ayuda de mi esposa tambien hemos tenido grandes satisfaciones de ellos en la manera de como se han desarrollado y se han relacionado con una gran familia de amigos con lo que en la actualidad el Señor nos ha bendecido tremendamente, y que nunca es tarde para enmendar los errores cometidos y que para Dios no hay imposibles y el todo lo vuelve hacer nuevo.
Lo que más me llamó la atención:
“El informe del National Center for Clinical Infant Programs nos presenta estas dos escenas como ejemplos de dos tipos de interacción que, cuando se repiten una y otra vez, terminan inculcando en el bebé sentimientos muy diferentes sobre si mismo y sobre las personas que le rodean. En el primer caso, el bebé aprende que las personas perciben sus necesidades, las tienen en cuenta e incluso pueden ayudarle a satisfacerlas, mientras que en el segundo, por el contrario, el bebé aprende que nadie cuida realmente de él, que no puede contar con los demás y que todos sus esfuerzos terminarán fracasando. Obviamente, a lo largo de su vida todos los bebés pasan por ambos tipos de situaciones, pero lo cierto es que el predominio de uno u otro varía según los casos”.
“Mi comentario es el siguiente:
Es muy interesante saber como los niños aprenden todo desde que se encuentran muy pequeños, desde los primeros días de vida. Perciben todo lo que hay a su alrededor, y mas en especial con los padres. La manera en como los padres nos comportamos con los hijos repercute mucho en como el niño se comportara en la vida. Por eso es muy importante que no estalle en cólera contra mi hijo ya que eso podría afectarle en su autoestima.
Los errores de los hijos son los defectos de los padres, se que he cometido muchos errores como padre y se que los seguiré cometiendo, pero se que lo mas importante es no perder la paciencia con el. Se que debo ser estricto pero nunca agresivo con el.
Dios los bendice.
Lo que tal vez resulte más inquietante en este sentido es lo pronto que los niños maltratados parecen aprender a comportarse como si fueran versiones en miniatura de su propios padres.
Pero esto no debería sorprendemos si tenemos en cuenta que estos niños recibieron una dosis diaria de esta amarga medicina.
Recordemos que es precisamente en los momentos en que las pasiones se disparan o en medio de una crisis cuando las tendencias mas primitivas de los centros del cerebro límbico desempeñan un papel más preponderante. En tales momentos, los hábitos que haya aprendido el cerebro emocional serán, para mejor o para peor, los que predominarán.
Si nos damos cuenta de la forma en que la crueldad —o el amor— modela el funcionamiento mismo del cerebro, comprenderemos que la infancia constituye una ocasión que no debiéramos desaprovechar para impartir las lecciones emocionales fundamentales. Los niños maltratados han tenido que recibir una lección constante y muy temprana de traumas. Tal vez debiéramos admitir ya que este tipo de traumas constituye un terrible aprendizaje emocional que deja una impronta muy profunda en el cerebro de los niños maltratados, y buscar la forma más adecuada de resolver este problema.
Mi comentario:Cuando se esta tan de serca de un
niño que fue maltratado duele mucho ver el odio en su expresion y en sus palabras contra su padre y escuchar de sus labios que si por el fuera lo mataba
yo lo vivo muy de serca en mi trabajo ayer mi jefe y su hijo tuvieron una discucion el hijo no puede ver asu padre por todo el maltrato fisico y emocional que se le dio de niño ahora tiene 25 años yo tengo la fe y la confianza puesta en Dios que todo va a cambir que va a transformar sus corazones nadie mas que el.
Ayer verlo con sus ojos inchados le robe una sonrisa
le dije te quiero mucho y luego que ojos tan bonitos tienes y me sonrio yo se que Dios va a actuar.
Los amo mis guerreros valientes
gggggggggggggggggggggggggrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol doméstico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los demás reaccionan ante nuestros sentimientos; ahí es también donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
COMENTARIO: me hace ver la importancia de que un ser humano sane todos sus heridas de niño, para poder transmitir a sus hijos a expresar sus emociones, a no enseñarlos a ser invalidos emocionales y que crecezcan sanos en esa area para que a su vez ellos lo transmitan a sus hijos
El impacto en los hijos de los progenitores emocionalmente competentes es ciertamente extraordinario. El equipo de la Universidad de Washington que antes mencionamos descubrió que los hijos de padres emocionalmente diestros —comparados con los hijos de aquéllos otros que tienen un pobre manejo de sus sentimientos— se relacionan mejor, experimentan menos tensiones en la relación con sus padres y también se muestran más afectivos con ellos. Pero, además, estos niños también canalizan mejor sus emociones, saben calmarse más adecuadamente a sí mismos y sufren menos altibajos emocionales que los demás
COMENTARIO: pienso en el enorme beneficio que adquieren los niños hijos de parejas. Me encontrado con padres de esas caracteristicas y es verdaderamente asombroso ver los resultados que hay en esos niños desde pequeños
Recordemos que es precisamente en los momentos en que las pasiones se disparan o en medio de una crisis cuando las tendencias mas primitivas de los centros del cerebro límbico desempeñan un papel más preponderante. En tales momentos, los hábitos que haya aprendido el cerebro emocional serán, para mejor o para peor, los que predominarán.
Si nos damos cuenta de la forma en que la crueldad —o el amor— modela el funcionamiento mismo del cerebro, comprenderemos que la infancia constituye una ocasión que no debiéramos desaprovechar para impartir las lecciones emocionales fundamentales. Los niños maltratados han tenido que recibir una lección constante y muy temprana de traumas. Tal vez debiéramos admitir ya que este tipo de traumas constituye un terrible aprendizaje emocional que deja una impronta muy profunda en el cerebro de los niños maltratados, y buscar la forma más adecuada de resolver este problema.
Se me hace muy importante como es verdad que devemos de trabajar con los niños ya q ue es el momeno en el que mas aprenden y trabajan todod su cerebro y como se moldean o como los moldeamos dependiendo del trato que les demos y como no devo de desaprovechar la infancia de para las lecciones emocionales y como no devems de reprimirlos con creencias.
IV .- UNA PUERTA ABIERTA A LA OPORTUNIDAD
Lo que me pareció más importante es:
El Entorno familiar es la primera escuela del aprendizaje emocional, los niños desde muy temprana edad están atentos a todo su entorno, principalmente de sus padres,
Las parejas que manejan sus propios sentimientos constituyen una verdadera enseñanza para sus hijos.
Las parejas emocionalmente más maduras son las más competentes para ayudar a sus hijos a hacer frente a sus altibajos emocionales.
El enfado suele ser una respuesta que surge de algún sentimiento herido.
El aprendizaje de las habilidades emocionales ensena a vivir.
El niño depende del conocimiento de aprender a aprender. Y los ingredientes claves de esta capacidad son: confianza, curiosidad, intentencionalidad, autocontrol, relación, capacidad de comunicar y cooperación.
PARRAFO”””El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cieno, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
El hecho de que un niño comience el primer día de guardería con estas capacidades ya aprendidas depende mucho de los cuidados que haya recibido de sus padres —y de todos aquellos que, de un modo u otro, hayan actuado a modo de preceptores— proporcionándole así una importante ventaja de partida en el desarrollo de la vida emocional.”””
COMENTARIO:Me parece muy importante mostrar a nuestros hijos este aprendisaje, no tengo de momento pero me encantaria enseñarles, yo me he dado cuenta que educar a un niño es cansado y lo peor es que a veces esa educación no es la correcta, se reprimen los sentimientos, no se escuchan las necesidades de ellos, o simple sus historias de lo que paso.
Tengo un sobrino del cual aprendo mucho es un niño obediente, y como es el unico bebé de la casa todos le ponemos atención a sus necesidades y lo amamos y le decimos que lo queremos etc. y veo en el un desarrolo relacional y emocional muy fuerte el no se limita a decir te quiero mucho tia o tio o quien se le presente enfrente, se relaciona con facilidad con la gente adulta.
y ahora compruebo que el escuchar a los niños, y enseñarles a distinguir sus sentimientos es una manera de ayudarles a crecer sanamente.
En cuanto a mi yo siento que mucho tiempo no fui escuchada cuando era niña, pero recibi mucho amor mes siento afortunada por eso y ahora de grande desea expresar hasta lo mas minimo y siento que en forma alguna fue lo que calle de niña y es por lo cual tambien me gusta escuchar y hablar.
Saludos guerreros.
Los querrrrrrrrrrrrroooooo
PARRAFO”"”El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cieno, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
El hecho de que un niño comience el primer día de guardería con estas capacidades ya aprendidas depende mucho de los cuidados que haya recibido de sus padres —y de todos aquellos que, de un modo u otro, hayan actuado a modo de preceptores— proporcionándole así una importante ventaja de partida en el desarrollo de la vida emocional.”"”
COMENTARIO:Me parece muy importante mostrar a nuestros hijos este aprendisaje, no tengo de momento pero me encantaria enseñarles, yo me he dado cuenta que educar a un niño es cansado y lo peor es que a veces esa educación no es la correcta, se reprimen los sentimientos, no se escuchan las necesidades de ellos, o simple sus historias de lo que paso.
Tengo un sobrino del cual aprendo mucho es un niño obediente, y como es el unico bebé de la casa todos le ponemos atención a sus necesidades y lo amamos y le decimos que lo queremos etc. y veo en el un desarrolo relacional y emocional muy fuerte el no se limita a decir te quiero mucho tia o tio o quien se le presente enfrente, se relaciona con facilidad con la gente adulta.
y ahora compruebo que el escuchar a los niños, y enseñarles a distinguir sus sentimientos es una manera de ayudarles a crecer sanamente.
En cuanto a mi yo siento que mucho tiempo no fui escuchada cuando era niña, pero recibi mucho amor mes siento afortunada por eso y ahora de grande desea expresar hasta lo mas minimo y siento que en forma alguna fue lo que calle de niña y es por lo cual tambien me gusta escuchar y hablar.
Saludos guerreros.
Los querrrrrrrrrrrrroooooo